Alfonso López Alonso es un
tío majo, pero no de esos majos que lo dices por quitarte el rollo de encima. No.
Un tío majo de los de verdad. Y encima va y tiene uno de los blogs de cocina
más visitados de España (www.recetasderechupete.com/)
y digo yo que por algo será. Vemos, que lo digo y lo explico. Es un blog de
mucho éxito porque tiene unas recetas (pero vamos, un montón) perfectamente
explicadas y de esas que apetecen y que dices, esto me lo hago yo mañana mismo.
Y algunas con ese toquecillo gallego que siempre gusta, porque en el fondo
todos llevamos dentro un gallego con morriña. Y todo esto os lo cuento porque
acaba de recopilar en un libro, primorosamente editado por Larousse y a 15
eurillos, con sus mejores postres. Se llama “Postres de rechupete” y es de esos
libros que no defrauda, lo abras por donde lo abras. De hecho, yo este verano
le tengo reservados un par de kilos a algunas de sus recetas, porque a ver
quién se resiste a esas cremas, esos flanes, esas tartas, esas compotas,
bizcochos, helados...si son el paraíso del gordo hambriento que llevo dentro. Y
os lo cuento precisamente hoy porque esta tarde a las 18h. presenta su nuevo trabajo en la Caseta de Anaya (nº 315)
de la Feria del Libro de Madrid. Una forma estupenda de empezar el fin de
semana. Conociendo a Alfonso (que merece la pena) y haciéndoos con un libro que
os hará crecer como seres humanos. No sé si intelectualmente, pero de cintura, crecéis
fijo.
POSTRES DE RECHUPETE
Editorial: Larousse
Páginas: 256 (80 recetas)
Precio: 15€
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7 de junio de 2013
3 de junio de 2013
PINCHO DE CHORIZO CON PIMIENTOS
Lo que tienen los chorizos, que con la que está cayendo me cogen mala prensa. Que también es mala pata que hayamos elegido llamar chorizos a los corruptos, siendo este embutido una cosa tan deliciosa y entrañable. Anda que no había cosas que se les podían haber llamado a los trincones trincantes de bolsillo fácil y mano larga. Brócoli, pongo yo por caso. “Ese señor roba mucho, es un brócoli”, se podía haber dicho tranquilamente, y se hubiera puesto de moda y a nadie le hubiera importado un pimiento, porque al fin y al cabo el brócoli como tal, dejando de lado su artística presencia decorativa, no le gusta a nadie. Al menos yo no he visto nunca a nadie comerse un bocadillo de brócoli y he visto a mucha gente zamparse con deleite uno (o varios) de chorizo. Pero mientras la transición lingüística se produce y la Real Academia nos lo admite, yo voy a ir haciéndole un acto de desagravio a la memoria del rico choricillo de nuestras meriendas infantiles en forma de rico aperitivo impostor. Unos choricitos fritos con su remate verde de pimiento de Padrón, que es muy fácil de hacer y queda muy bueno. Y a los brócolis, que les vayan dando.
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17 de mayo de 2013
POLLO AL VINO
Cada vez
que abro la puerta y lo veo me pregunto ¿qué hago yo con un pollo muerto en la
nevera? Los británicos, que para esas cosas siempre han sido más elegantes,
aseguran que todas las familias esconden un cadáver en el armario. Las familias
españolas, sobre todo ahora con esto de la crisis, lo que suelen esconder es un
pollo muerto en la nevera. Para comérselo más que nada. Y mira que son feos los
pobres. Son como la parodia de un cadáver, con sus patitas huesudas y finas,
como del cuento de Hansel y Gretel, su gañote descabezado y su carne de gallina,
aún no repuestos del susto horrible que les dieron. Dan lastimilla. Nada que
ver con los rotundos solomillos, con las chuletas pintureras y chulitas que
enarbolan inhiestas sus costillas como mástiles de bandera, con los compactos
entrecotes, circunvalados de galones marciales de blanca grasa. Nada que ver.
Tu pollo da la impresión de que hubieras asaltado la casa de una pobre vieja y
le hubieras robado el pajarito de la jaula para comértelo, hecho un miserable.
A mí es que el pollo me da mal rollo y se me nota. Pero vamos, que luego voy y
me lo zampo. Y roo los huesecillos ávido y avaricioso como un sacristán
famélico de la edad media. Porque todo hay que decirlo, según cómo lo prepares,
el jodio queda rico. Algo así me ha pasado a mí esta mañana, que he abierto la
nevera y tenía una bandeja de esas del súper con unos muslos de pollo y me he
dicho, estos caen. Y han caído, vaya que si han caído. Rodeados de champiñones
y con una salsita de vino y cebollita que era un escándalo. Pero vamos, porque
tenía hambre. Que si llego a ser inglés y en vez de la nevera abro el armario y
me encuentro el escondido cadáver familiar, yo creo que me lo zampo también. Y
hago sopas.
Ingredientes: 1 bandeja de muslitos de pollo
del súper, 1 bandeja de champiñones troceados, vino tinto, 2 dientes de
ajo, 1 cebolla, aceite de oliva virgen extra, pimienta y sal..
Preparación: ponemos un poco de aceite en la
sartén y doramos los muslitos de pollo hasta que estén doraditos y guapos. Los
reservamos en un plato y aprovechando el aceitillo pollil que nos queda,
echamos un par de dientes de ajo y una cebolla picados (la cebolla podría ser
una latita de cebolla frita). Cuando coja color, añadimos los champiñones bien lavados, sal y
un poco de pimienta, y dejamos que se vayan haciendo hasta que pierdan el agua
que sueltan. Volvemos a echar en la sartén los muslitos que teníamos
reservados, mezclamos bien y cubrimos con vino tinto. Yo tenía uno sueco de
Ikea, muy especiado, para tomar caliente, y como no me había gustado mucho
decidí utilizarlo porque le veía posibilidades para cocinar con él. Le da un
toque estupendo. Bajamos el fuego y dejamos que se nos vaya cocinando,
borboteando suavito, hasta que la salsa espese. Luego sólo queda servir,
adornar con alguna hierbecilla campestre y zampárselo con fruición y deleite. Y
si no estáis con la “Operación
Tipazo”, con pan para mojar.
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