Yo no sé si es culpa de la crisis pero cada vez pasa más eso
de que estás tan tranquilo en tu casa, suena el teléfono y es un alguien (no
demos nombres) que se te invita a comer. Que digo yo, que vale que están mal
las cosas, pero leche, que se vayan de vez en cuando a un comedor de
beneficencia. Pero, ¿cómo se te ocurre?, te dirán escandalizados. Eso es para
pobres y nosotros somos gorrones. El gorrón ibérico. Un respeto que somos una
especie protegida. Como el lince. Y no sé yo si como linces, pero en cualquier
caso devoran como leones que, por cierto, también son especie protegida y no se
te plantan en casa a la hora de comer sin avisar ni nada. Y mucho menos
insisten en que saques el vino bueno, ese que reservas en la bodeguilla para
las ocasiones. Pero bueno, como el tema es inevitable que suceda y ya se te han
plantado ahí, hay que ser práctico: cuanto antes coman, antes se irán. El
problema, una vez asumido el incordio, es qué les das de comer. Tiene que ser
algo fácil, rápido y rico, que no les vale cualquier cosa, que el gorrón
ibérico es muy señorito y a nada que te descuidas te va poniendo a parir por
ahí por lo mal que se come en tu casa. Para estos casos, nada mejor que unos
solomillos Perrins, de impostora apariencia inglesa, que con su flema
británica, nos ayudarán a solventar debidamente la pelmaza situación.
Ingredientes: 2 solomillos de cerdo, 1 bote de
salsa Perrins, 1 pastilla de sopicaldo, 1 limón, harina y aceite de oliva.
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