11 de mayo de 2020

Marmitako de bonito

Marmitako de bonito
Marmitako

Cómo improvisar marmitako de bonito. Una delicia ahora al alcance de todos. Un plato rápido de preparar y que queda estupendo.


Ingredientes: 1 bote de los de cristal de bonito del norte (si no tenéis a mano, nos podemos apañar con una lata de atún en aceite), 1 patata, 1 pimiento verde mediano, 1 bote de tomate seco en aceite, 1 cebolla pequeña, 1 diente de ajo, pimentón picante, sal, aceite de oliva virgen extra.
Preparación: pelamos la patata y la cortamos en dados. Los freímos y reservamos en papel absorbente. En una olla con un poco de aceite ponemos a sofreír el ajo, la cebolla y el pimiento verde picados. Cuando cojan color le añadimos una cucharada del aceite de la lata de atún, tres pedazos de tomate seco en aceite, bien escurrido y troceado, y dejamos que se haga todo junto un minuto más. Le añadimos las patatas en dados, sal al gusto, una cucharada pequeña de pimentón picante, mezclamos y, rápidamente, le añadimos un vaso de agua (o caldo de pescado si tenemos). Lo dejamos hirviendo 5 minutos a fuego suave, agitando la olla por las asas para que se hile todo bien. Pasado este tiempo, añadimos el contenido de nuestro bote o lata de atún, escurrido de aceite (si las piezas del bote son muy grandes, podéis partirlas en dos o tres pedazos), y lo dejamos hervir 5 minutos más. Lo ponemos en el plato adornado con una ramita de perejil y a disfrutar.


29 de febrero de 2020

SARDINAS DE LATA EN SU ACEITE

Sardinas de lata
Sardinas de lata

Una lata de sardinas es una metáfora comestible de la pobreza. Da lastimilla. Nos parece una comida como de mendigo con cartones, refugiado del frío nocturno en un cajero automático, que abriera su triste lata para comer algo. También arrastra la fama de último recurso. De ese condumio que nos preparamos el día que abrimos la nevera, comprobamos que habíamos sido muy optimistas al pensar que la compra que habíamos hecho iba a durarnos eternamente, y la vemos allí solitaria, como un Robinson en medio de un océano gélido, esperando indefensa a que un gordo caníbal venga y se la zampe. Pues no. Pues ya está bien. A mí las sardinas me ponen. Mucho. Igual soy un poco raro (que seguro que sí) pero yo desde luego no cambio la visión de una sardina de lata por la sonrisa de La Gioconda. Es más siempre he estado convencido de que el cuadro de la "Maja desnuda" hubiera ganado mucho si, en vez de a una duquesa, Goya hubiera retratado a una sardina. Y lo moderno que hubiera quedado. Anda que no se estará arrepintiendo el Goya ese. Yo estoy convencido de que algún día la Humanidad saldrá de su atocinado letargo, meterá unas plateadas sardinas entre y pan y pan y descubrirá que el bocadillo de sardinas es el bocadillo de jamón del mar.

Ingredientes: 1 lata de sardinillas, salsa de chile habanero (o Tabasco, si no tenéis), perejil, aceite de oliva virgen extra, sal.
Preparación: a veces lo más fácil sorprende. Volcáis el aceite de la lata de sardinillas en un bol, le añadís unas gotas del aceite de oliva rico, ese que guardáis para las ocasiones, le ponéis un poquito de sal y una dosis, tan generosa como sea tu amor por el picante, de salsa de chile habanero o Tabasco. Agitamos el bol con energía haciendo que el preparado se emulsione y se mezcle bien. Añadimos perejil fresco y las sardinillas que habíamos reservado, mezclando todo bien. A la hora de servir, lo presentamos cogiendo una cantidad de la emulsión picantita con una cuchara y poniendo una de las sardinillas encima. Se toma de un bocado. Si lo de las cucharas os parece mucho lío, también podéis poner la sardinilla sobre una patata frita y acompañar con un poco de la emulsión. Un gozo.

23 de diciembre de 2018

GULAS EN VINAGRETA

Gulas en vinagreta
Gulas en vinagreta

Hace tanto tiempo que no como angulas que ya no sé si me lo he inventado. Que la memoria a veces tiene muchos delirios de grandeza. Lo típico que recuerdas que de pequeño ibas a una mansión  de tus abuelos, que era una mansión enorme, y eso que vuelves pasados los años y descubres que en realidad era poco más que una chabolilla, y el palaciego jardín en el que te perdías, un patio con dos macetas. ¿Mira que si lo que yo recuerdo como angulas eran en realidad espaguetis al ajillo?
No sé. Pero lo que tengo claro es que, por ahora, habrá que conformarse con las gulas que es lo que tengo yo en la lata. Las gulas son unos peces de atrezo qué sabe dios de qué estarán hechos, pero que cumplen adecuadamente una curiosa función. Vienen a sustituir a las angulas, algo que la mayor parte de la gente no había comido nunca y de lo que no tenía ninguna necesidad. Un milagro del marketing. Pero está bien que haya cosas así, porque te ponen muy en tu sitio. La sirves en la mesa y, si te fijas, te están mirando con su cara de angula falsa y diciéndote: eh, tú, imbécil, soy un fideo de pescado de cuarta, no una exquisitez que nunca estará a tu alcance. No me extraña que me vayas a comer porque eres un pringado. Eh, protestas tú, que yo de pequeño he comido angulas. Calla, muerto de hambre, se revuelven ellas, tú no has visto una angula verdadera ni en fotos. Ponme ajito y guindilla e hínchate de pez triturado y prensado en hilillos, que es para lo único que te alcanza. Oye, y como no les falta razón, te las comes, pero con una cierta desazón. Con mala conciencia, porque es como comerse a un psiquiatra, y si nadie come psiquiatras ni aunque sean argentinos, será por algo. Y claro, no puedes evitar preguntarte ¿y por qué me estoy yo comiendo esta cosa rara, si podía estar comiéndome unos boquerones, que para eso sí me alcanza, en vez de este invento raro de un señor de Guipúzcoa? Pero te quedas sin respuesta y aunque seas consciente de que estás haciendo el idiota, pasan unos días, las vuelves a comprar y el ciclo vuelve a empezar. Y las angulas de verdad, las pocas que quedan sin que se las zampen los japoneses, se escabullen camino al mar de los Sargazos y dan gracias al dios de la estupidez humana dos veces al día.

Ingredientes: 1 lata de gulas al ajillo (o las gulas que tengáis por ahí de bolsa o paquete), pimiento verde, pimiento rojo, cebolla, limón, salsa de chile habanero (o Tabasco), aceite de oliva virgen extra, vinagre y sal.

Preparación: probar esta receta es repetirla seguro, porque envicia. De las cosas más ricas que se pueden hacer con gulas. En un bol pones tres cucharadas de aceite rico, el zumo de medio limón, salsa de chile habanero o Tabasco según lo picante que lo quieras, un poco de vinagre y sal. Agitas el bol hasta que veas que la mezcla se emulsiona (queda bien mezclada) y la reservas. Picas los pimientos y la cebolla muy picaditos (si tienes una picadora de verduras, mucho menos trabajo) y los echas en el bol, junto con las gulas bien escurridas de aceite. Mezclas todo bien y listo. Eso sí, si tienes mucho picadillo de verduras es mejor poner más de una lata de gulas o utilizar esas refrigeradas que vienen en un paquete y traen más cantidad.

12 de abril de 2018

Sardinas de lata con jamón

Sardinas con jamón
Sardinas con jamón


Ingredientes: 1 lata de sardinas, 1 paquete de jamón en lonchas finas (cuanto más rico el jamón, más rico el plato), 1 limón, perejil, aceite de oliva virgen extra.

¿Te acuerdas de las típicas truchas con jamón? Pues igual, pero en sardina de lata. Con la ayuda de un cuchillo, abrimos las sardinas por la mitad, le quitamos la espina con cuidado, ponemos dentro el pedazo de loncha y cerramos la sardina en plan bocadillo con el jamón dentro. Las vamos colocando en un recipiente que aguante el calor, acompañándolas si queremos de un par de lonchas de jamón sueltas, que luego nos pueden venir muy bien para adornar el plato. Las metemos en el horno precalentado a 180 grados y estarán enseguida: cuando veamos que el jamón comienza a  sudar y a coger un aspecto crujiente. Las ponemos en el plato con unas gotas de limón y un hilillo de aceite rico por encima, adornándolas con una rodaja de limón, un poco de perejil y las lonchas de jamón suelto que habíamos metido en el horno. Quedan estupendas.


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