31 de diciembre de 2007

FELIZ AÑO NUEVO

Me encanta la Nochevieja. Aún recuerdo como, de niño, siempre aprovechaban la cena para recordarme la frase aquella que llevaba un sabio inscrito en su reloj: todas las horas hieren, la última mata. Eso poco antes de relatar como el que muere al sonar las 12 campanadas en la noche de san Silvestre, ésta del 31, es cochero durante un año del carro de la Muerte, hasta que otro difunto viene a sustituirle. Desde su humeante bandeja el besugo me miraba con su gran ojo brillante. El corderito lechal asado me enseñaba los dientes cadavéricos que asomaban de su chamuscada cabeza. Sonaban las doce campanadas e inevitablemente, mientras me atragantaba con las uvas, pensaba que aquella podía ser mi última hora, la que mata, y que muerto en tan oportuna ocasión, me pasaría un año llevando una carreta llena de muertos de un lado para otro. Es una lástima, de no haberme hecho cocinero seguro que hubiera sido un asesino en serie estupendo.

Afortunadamente este 2008 que ahora empieza es el año de la Rata. Voy a sentirme como en casa.
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