7 de octubre de 2008

TARTILLITA DE PATATAS (de bote)

tortilla de patatas de boteReceta de tortilla de patatas de bote

Es la hora de comer. Las patatas te miran suplicantes desde el cajoncillo de las verduras.
—Fríenos, fríenos —dicen lascivas las muy promiscuas— . Haznos tortilla de patatas.
Y tú te palpas la maltrecha voluntad, rebuscas ánimos en los bolsillos llenos de pereza y acabas decidiendo que hasta ahí podíamos llegar. No hay patata, por mucho que la hayas amado, que se merezca semejante sacrificio. Que les vayan dando. Pero, claro, tampoco es cosa de quedarse con las ganas y no comer más que ensaladas tan tristes como el rimel de Amy Winehouse, (o como su desesperado psiquiatra, un famoso adicto a la lechuga iceberg y a recetar centros de desintoxicación a quienes no compartan su afición). No es plan. No. Surge entonces un dilema que te deja en mitad de la cocina, con una patata a modo de hamletiana calavera en la mano: freír o no freír, that´s the question, que diría el principe danés. Para solucionarlo una cosa intermedia bastará. Algo como esta impostora tartillita de patatas, que va a darnos muy pocos problemas, sobre todo porque lo que vamos a hacer es que sea el horno quien trabaje por nosotros. Oye, que se note que de jóvenes hicimos la Revolución Industrial, que por lo que se ve, ay, es de las pocas que nos ha acabado durando.

Ingredientes: 1 bote de cristal de patatas peladas y cocidas, 3 huevos, 1 lata pequeña de cebolla frita, 1 bote de tiras de pimiento del piquillo.

Preparación: ponemos en el fuego un cacillo con un poco de agua y ponemos a hervir unas diez patatas de las de bote (según tamaño, claro). Un par de minutos. Lo justo para que pierdan cualquier atisbo de sabor a envasadas. Las reservamos. En un bol batimos los tres huevos, añadimos sal y el contenido de la lata pequeña de cebolla frita (de unos 125 g.). Añadimos las patatas cortadas en lonchas, removemos bien para se mezclen promiscuamente los ingredientes y lo ponemos todo en un molde del tamaño adecuado (el mío esta vez era una flanera mediana) . Lo metemos en el horno precalentado a 200 grados y en una media hora (veinticinco minutos en este caso) estará. Desmoldamos y la acompañamos con unas tiras de pimiento del piquillo. Más que nada porque, como cualquier astuto impostor sabe, pones la tortilla sola y es un pincho; la pones con pimientos y de repente es primer plato de lo más chulo. Y ya puestos, que nos luzca.

Huelga decirlo: suelo ser partidario de poner la versión más simple y austera de las recetas y que luego cada quien, en la soledad de su hambre, se recree en la suerte, añadiendoles los manjarcillos que más le apetezcan. Es obvio en este caso que un poco de bonito en escabeche, unos taquitos de calabacín previamente sofrito o unas virutas de jamón (por poner algo) darían a nuestra tartilla una jovial y apetitosa nota de color. Eso ya va en gustos.
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