Hoy vamos a poner una cucurbitácea en nuestra vida. En plan Cenicienta, que estamos muy sueltos hoy los impostores culinarios. Pero las calabazas son duras y complicadas de manipular (lo del hada convirtiendo a la calabaza en carruaje fue una licencia poética para la película, en realidad a Cenicienta lo que hizo fue pagarle un taxi. Y por cierto, de simpáticos y líricos ratoncitos nada: era unas ratas como demonios). Así que nos dejamos de cuentos y nos vamos al súper de la esquina, que es lo que hacen las personas prácticas en estos casos, que te dan la calabaza pelada, troceada, triturada, precocinada y envasada al vacío de una forma decente, que no está ya uno en edad de ir con una calabaza desnuda por la calle. Y ya puestos, con dos cositas de la despensa, tres huevos, un brick de crema de calabaza, algo de queso, nuestros ya habituales escasos conocimientos culinarios y mucho cuento, vamos a hacer un pastel que dejará flipada a la madrastra. Ponerse zapatitos de cristal para hacerlo, no mejorará en nada la receta, pero igual nos abre nuevas perspectivas vitales. Al gusto.Ingredientes: 1 lata o bote de cebolla frita (de la marca Hida en este caso), 1 brick de crema de calabaza (Knorr de 500 ml.), 1 paquete de queso rallado, 3 huevos, 1 cuña de un queso sabroso (con Provolone suelo hacerlo yo) pimienta, perejil y opcionalmente un poco de sal.
Preparación: Volcamos el bote de cebolla frita en una sartén (sin aceite, que ya trae) y dejamos que se haga un poco. Agitamos bien el brick de calabaza y lo vamos añadiendo mezclando bien, dejando que se caliente. Mientras se hace, cogemos un bol y ponemos en él los tres huevos batidos, dos o tres puñados generosos de queso rallado, un poco de perejil y un poco de pimienta. Si queremos podemos añadirle algo de sal, pero con cuidado que si usamos queso Provolone, ya va a tener bastante sazón. Añadimos el contenido de la sartén y mezclamos bien. Podemos incluso darle unos toques con la Minipimer, para que quede todo más hilado. Es el momento de cortar unos tacos del queso Provolone (o el que queramos utilizar) y esparcirlos por la mezcla. Se quedan bastante enteritos y al comernos el pastel actúan de agradables tropezones. Ponemos todo el invento en un molde y lo metemos en el horno que habremos calentado previamente a 200 grados. En una horita más o menos estará en su punto. Lo dejamos reposar unos minutos y desmoldamos con cuidado. Ya puede irse jubilando el hada.
Publicado en El País el 25 de julio del 2008
¿Quién dijo que un perrito caliente no puede ser elegante?. Falsarius Chef está dispuesto a demostraros la inexactitud de dicho aserto. Todo es cuestión de envolver el producto, las salchichas en este caso, con la adecuada aureola de lujo y sofisticación. Sin ir más lejos, Dios fue el primer genio de este tipo de marketing. Después de crear al Hombre (con un poco de arcilla cutre y minimalista, en plan diseño moderno y fashion) vio que estaba solo y que aquello no funcionaba. Tenía un problema. Cualquier otro en su lugar hubiera hecho como en los coches el “Hombre SXL”, el “Hombre Cabrio” o algún nuevo modelo en ese plan. Pero él no. Él fue e hizo un nuevo modelo totalmente distinto y le llamó Mujer. ¿Para qué? Está claro: para captar al público femenino. Más o menos eso es lo que vamos a hacer con nuestro humilde paquete de salchichas Frankfurt, envolverlas con una nueva carrocería de lujo, poderío y distinción. En lugar de deconstruirlas, desalchicharlas por así decirlo, y llevarlas a una nueva dimensión. Y claro, nada de decir que lo que servimos es un perrito caliente, como si fuera un chucho salido. No. Un impostor que se precie dirá que su Hot Dog es, si acaso, un dálmata con satiriasis. Un auténtico Hot Dior. Y si es un impostor un poco chorras, lo dirá con acento francés, como en los anuncios de perfume. Poniendo boquita de culo.


