25 de febrero de 2009

DECÁLOGO IMPOSTOR

No soy yo muy amigo de los decálogos, que me suenan como a mandamientos. Si te haces impostor es precisamente para hacer lo que te dé la gana, y que no se te metan en la sartén los tocapelotas. Pero el otro día en el "A vivir que son dos días" de Montserrat Domínguez en la SER, estuvimos hablando de éste y han sido varios los oyentes que me lo han pedido por email. Y como soy muy obediente (y a lo mejor un poco calzonazos, ahora que lo pienso) voy y lo pongo. Puesto queda.

1.- Esconderás las latas bajo todas las cosas (mejor en el contenedor de la calle, que hay invitados cotillas que te registran disimuladamente hasta la basura)
2.- No tomarás el nombre impostor en vano (si es caro o no se encuentra en el súper, no es impostor)
3.- Aprovecharás las fiestas. Desengáñate, si tardas tres horas en hacer una receta, no es impostora.
4.- Honrarás a Falsarius y le enviarás todos los meses un 10% de tu sueldo (es opcional, pero se agradecería mucho).
5.- No envenenarás a tus invitados (impostores sí, pero no criminales). Y si se te intoxica alguno, la culpa al latero.
6.- No cometerás actos impuros, al menos mientras cocinas. Muy especialmente si voy de invitado.
7.- No hurtarás (o sí, a mí me la sopla), pero distraer unos langostinos en bodas y comuniones para enriquecer tus guisos, no es moralmente rechazable.
8.- Engañarás a tus invitados. El uso de productos naturales, sabiamente mezclados con tus latas o precocinados, no sólo es lícito, sino casi imprescindible. Lo natural encubre lo impostor.
9.- No te consentirás culpabilidades inoportunas. Si alguien duda de la autenticidad de un plato, muere negando
10.- No codiciarás los bienes ajenos. Nada de tomar apuntes en casa de un amigo, si quieres mi libro, cómpralo.

18 de febrero de 2009

PINCHO DE MERLUZA JAMONA


“Monumento” le gritan desde los andamios al verla pasar por la calle. Nuestra merluza es así, pinturera, de rompe y rasga, pez (o peza) bandera donde las haya. Da gusto verla. Basta ya de merluzas hervidas y escuálidas, pálidas de régimen, sin más compañía que la de una triste patatilla hervida al lado. Se acabaron las miserias. A tomar por saco la dieta. Es invierno, hace frío y tengo hambre. Quiero comer y que me cunda, quiero zamparme un plato calentito y suculento, sin que me den envidia los de los demás. Y así puestos, descongelo unos lomos de merluza, trinco unas lonchas de jamón y un tomatillo, y en diez minutos está listo el homenaje. No hay más que hablar. Me amancebo con la merluza. Gordo seré, sí. Mas gordo enamorado.

Ingredientes: 1 paquete de lomos de merluza congelada, unas lonchas de jamón, 1 tomate, aceite de oliva virgen extra, romero, sal y pimienta.

Preparación: se descongelan los lomos de merluza (mejor en la nevera de un día para otro). Se deja calentar el horno a 190 grados. En una fuente que aguante el calor se ponen los lomos de merluza con un poco de sal y pimienta. Cortamos el tomate en rodajas y colocamos una sobre cada lomo. Doblamos una loncha de jamón y la ensartamos en un palillo, clavándolo luego sobre el tomate, en el pez. Un hilillo de aceite por encima, espolvoreamos con abundante romero y al horno. Deberán permanecer ahí por espacio de 10 minutos. A triunfar.


Por si alguien tiene curiosidad, última receta televisiva y despedida de Falsarius Chef en CUATRO

14 de febrero de 2009

FALSARIUS EN "RATONES COLORAOS"

El loco de la cocina con el Loco de la Colina. Quién me iba a decir a mí que aquel mancebo que fuí algún día, que paseaba a su perro por las noches oyendo en la radio con un pinganillo en la oreja (de aquellos antiguos que había, que hablamos de los primeros 80) a Jesús Quintero y su programa de "El loco de la colina", acabaría sentado frente a él para que lo entrevistara. Y para que lo entrevistara escondido tras unas gafas y una nariz de plástico. La vida no deja nunca de sorprendernos. En cualquier caso fue una entrevista muy agradable. Jesús tiene un don para hacerte sentir cómodo (pese a estar rodeado de ojos gigantes que te miran fijamente, véase la foto) y enseguida te olvidas de que estás en la tele y te sientes como en un café charlando no diré con un amigo, pero sí con una de esos desconocidos con los que a veces coincides y a quienes, por alguna extraña razón, les acabas contando tu vida con toda confianza. Tras su aire de despiste, me pareció más listo que los ratones que dan nombre a su programa.
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Si alguien tiene curiosidad por saber lo que allí se dijo y no la ha visto, puede hacerlo pulsando la imagen superior o en el dibujillo del ratón colorao, que me gustó y no he resistido la tentación de poner aquí. Para impacientes aviso de que mi entrevista empieza en el minuto 37 (y un poco), y que el vídeo puede adelantarse moviendo la bolita de avance con el cursor.

9 de febrero de 2009

SALCHICHORRADAS

salchichorradas
Pocas cosas más inquietantes que abrir la nevera y allí, emergiendo de la desolación que el fin de semana ha dejado en nuestras provisiones, entrever una salchicha desnuda, apenas cubierta con el transparente velo de su envoltorio. No es gran cosa, no. Muy desesperado (o desesperada) tienes que estar para que esa cosa fálica y medio cruda te resulte medianamente atractiva. Hombre, peor sería abrir la nevera y encontrarte a Rajoy desnudo hablándote de la crisis, pero lo de la salchicha tampoco está mal. Y ahora voy yo y digo, ¿con que esas tenemos, hambriento de poca fe? Qué equivocación. Es precisamente en estos momentos de tribulación cuando la cocina impostora desvela toda su grandeza. Abre la despensa y saca ese paquetillo a medio usar de puré de patatas y esa lata polvorienta de tomate entero al natural que tenías olvidados por ahí y verás que todo tiene solución. Hasta lo de sacar al Rajoy desnudo encerrado en tu nevera: llama a Esperanza Aguirre que está deseando echarlo.

Ingredientes: 1 paquete de salchichas (mejor grandecitas, tipo Jumbo de Oscar Mayer), 1 lata de tomate entero al natural, 1 sobre de puré de patatas, 1 lata pequeña de cebolla frita (o media cebolla natural) leche, queso rallado, vinagre de Módena, aceite, sal.

Preparación: en una sartén con un poco de aceite echamos el contenido de la lata de cebolla y la dejamos que se nos acabe de sofreír (si es cebolla natural, cuando esté doradita). Añadimos el contenido de la lata de tomate entero y le ponemos sal, un poco de azúcar e, importante detalle, un chorreoncillo de vinagre de Módena que le va a dar un sabor muy especial y es la gracia de esta receta. Removemos bien y mientras se va haciendo vamos partiendo los pedazos de tomate con un tenedor. La idea es que se nos quede un tomate frito bastante entero, en el que se distingan un poco los pedazos de tomate. Nos peleamos con él hasta que quede compacto e hilado. Hacemos el puré siguiendo astutamente las instrucciones del paquete y freímos la salchicha troceada con un poco de aceite. Sólo nos queda montar el plato. Una montañita de puré de patatas, tomate frito por encima, un poco de queso rallado y los trozos de salchicha rematando la faena. Unas hojas de rúcula (si tienes, si no orégano o algo así) un poco más de queso rallado y un hilo de aceite no van a venirle nada mal.

1 de febrero de 2009

GARBANZOS NEGROS

Siempre quise ser un garbanzo negro. Igual por eso soy un cocinero que se pasó al lado oscuro. Nada más aburrido y estomagante que un mundo de garbanzos blancos, lleno de impolutas leguminosas correctas, viviendo muy correctamente en un mundo correcto. Y metidos ya en faena le dije a mi negritud, nos merecemos un homenaje, que somos muchos. Garbanzos negros por torpes, por gordos, por feos, por bajitos, por no muy listos, por poco brillantes, por nada ingeniosos, porque se nos rompe inevitablemente la yema de los huevos fritos, porque la leche siempre se nos desborda, porque se nos pegan las lentejas, porque se nos desinflan los suflés, porque nuestra paella siempre es vulgarcita, porque no sabemos poner bonita una mesa, porque cuando llegan los invitados toda la casa huele a huevo duro y porque................................................(añádanse en la línea de puntos los traumillas de cada cual). Así que dicho y hecho. Latita de chipirones, garbanzos de bote y homenaje listo. Suena un poco caníbal comerse a unos colegas, pero es que están muy ricos. Hay que fastidiarse, no se me da bien ni la compasión.
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Ingredientes: 1 bote de cristal de garbanzos, 1 lata de calamares en su tinta, 1 lata de chipirones en su tinta, ½ cebolla (o una lata pequeña de cebolla frita), 4 dientes de ajo, pimentón, sal, aceite de oliva.
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Preparación: en una cacerola con un poco de aceite ponemos media cebolla troceada (o la latita equivalente) y los dientes de ajo enteros, un poco aplastados para que den más sabor. Cuando el sofrito esté doradillo, le ponemos un poco de pimentón, sal, le damos una vuelta y lo cubrimos con un poco de agua. Se deja hirviendo 5 minutos a fuego suave y se añaden los garbanzos tal como vienen. Si vemos que nos falta le ponemos un poco más de agua. Poca, para que luego no nos quede muy caldoso. Dejamos los garbanzos a fuego suave otros 10 minutos (o hasta que veamos que están tiernos), agitando un poco el puchero por las asas para que hile todo bien, añadimos las dos latas, removemos, esperamos a que nos dé un hervorcillo y lo retiramos del fuego enseguida para que no se endurezcan los calamares. Helo aquí, un primoroso guisote con un aspecto portuario de lo más conseguido.
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Curiosidad cerdófila: yo al sofrito le añadí unos taquitos de jamón que tenía despistados por ahí y le dieron al invento un toque pintoresco y campestre que no le iba nada mal a los calamares. Eso va en gustos.
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