25 de abril de 2009

DONUT BORRACHO

donut borracho
El otro día, para mi sección en el programa "A vivir que son días" que dirige Montserrat Domínguez en la cadena Ser, me propusieron un reto curioso. Se trataba de inventar una receta que fuera un homenaje a la novela “Ultimas tardes con Teresa” del flamante premio Cervantes, Juan Marsé. Teniendo en cuenta que la novela nos plantea algo así como “la distancia entre el mundo obrero y la burguesía urbana, como un fresco de esa España de mediados de los sesenta, en Barcelona” el asunto era, por decirlo sin rodeos, jodidillo. Lo malo es que lo jodidillo a veces mola (somos así los humanos), así que muy convencido acepté y dije que contaran con ello. Tenía 24 horas. En plan Jack Bauer. Con dos. Os ahorro los detalles, pero las primeras veintitrés horas fueron como el reto, jodidillas, pero a la veinticuatro la luz se hizo y como si fuera una serie de televisión, lo vi claro. Un Donut haría el papel de “Pijoaparte”, una crema catalana sería nuestra particular y dulce Teresa, y una botella de Pedro Ximénez le daría el toque charnego e inmigrante. Nació así este DONUT BORRACHO, un postre muy años sesenta, de cuando las calorías excesivas eran lo único que no era pecado.
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Ingredientes: 1 Donut, 1 envase de crema catalana preparada (hay varias marcas, la de Dhul, por ejemplo está rica), 1 botella de Pedro Ximénez (debería sobrar o tenemos un problema), caramelo líquido.
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Preparación: en una sartén al fuego ponemos a reducir un chorreón de Pedro Ximénez. Cuando se evapore el alcohol y veamos que va cogiendo un poco de consistencia, abrimos el Donut por el medio y ponemos en la sartén la mitad inferior para que se empape en el vino. Lo sacamos con cuidado (y con una espumadera, claro) y lo ponemos en un plato. Lo untamos bien de crema catalana y lo cubrimos con su otra mitad, que habremos empapado también en el vino de la sartén. Ya de perdidos al río, lo adornamos con un poco de caramelo líquido. Va a quedar de lo más chulo. Eso si, es recomendable no pesarse en unos días. Para ahorrarse disgustos, más que nada.

14 de abril de 2009

HUEVO IMPREVISTO


No tengo ni idea de si fue antes el huevo o la gallina, lo que tengo claro es que cuando el huevo apareció, el pan estaba allí esperándole. Ven p´acá, yema, que te unto, debió decirle sicalíptico (el pan puede ser muy ordinario cuando se pone). La cosa es que huevo y pan son una pareja entrañable y apetitosa, pero tienen un problemilla de imagen. Por ejemplo, te llega un ligue a casa de forma imprevista (imprevista e improbable, porque estas cosas sólo pasan en las películas, y cada vez menos) y si además de que te pilla con la ropa para planchar en el salón y la ropa interior tendida alegremente en el baño, todo lo que tienes para ofrecerle es una rebanada de pan y un huevo, y va y se queda y te quiere mucho, desengáñate, no es un ligue. Es tu mujer o tu esposo y lleváis veinte años casados. Pues bueno, pues vale, ¿y qué si es así? ¿No tenéis por ello derecho a cenar como dios manda? Si además del pan y el huevo tenéis un poco de vino dulce y algo de foie, sin duda alguna. Rico de restaurante. Y con lo que os ahorráis no cenando fuera, podéis contratar a una asistenta. Que ya os vale.

Ingredientes: 1 huevo, 1 rebanada de pan de molde ( en mi caso Bimbo integral 8 cereales), vino Pedro Ximénez , 1 medallón de mousse de pato Aoste (o foie-gras del que tengas), aceite y sal.

Preparación: en una sartén caliente ponemos un chorreón generoso de Pedro Ximénez. Dejamos que se evapore el alcohol y cuando empiece a coger una apariencia menos líquida, ponemos en la sartén nuestra rebanada de pan, sin ningún miramiento. Que empape por un lado y, rápidamente (mientras sea manejable, que si la dejamos mucho se nos ablanda) le damos la vuelta y que empape por el otro lado. La sacamos con una espumadera y la ponemos en el plato en el que vayamos a presentar. Dejamos los restillos de vino en la sartén, añadimos un poco de aceite y una dosis al gusto del foie-gras o similar. Removemos bien y cuando esté caliente, ponemos allí el huevo. Lo tapamos y lo dejamos hasta que esté hecho. Lo ponemos encima del pan, con un poco de sal (y si quieres, algo de perejil) y nos queda un plato de mucho lucimiento.

8 de abril de 2009

POSTRE LAICO DE SEMANA SANTA


Ni torrijas ni leches. Toda esa plétora de cristos moribundos coronados de espinas sanguinolentas, vírgenes sollozantes, o romanos sádicos y guantanameros (del mismo Guantánamo o de un pueblo cerca) no es que abran precisamente el apetito. Menos aún si vas por la calle y te ves rodeado por unas hordas de individuos vestidos de inquisidor medieval, que darían miedo a los malos del código Da Vinci (no te cuento ya a los niños). Así hace uno ayuno, abstinencia, vigilia y lo que haya que hacer. Juerguitas las justas. Qué mal rollo. En esa tesitura, Falsarius Chef, atento a las necesidades de los no tocados con el don de la fe, os ofrece este postre pagano y jacarandoso que espero os sirva de solaz y alborozo en estos días festivos. Porque te digo una cosa, habiendo telediarios ¿quién necesita semanas santas?
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Ingredientes: 1 bolsa de pan Bimbo “Milk” (es un pan de molde nuevo, redondo y con pepitas de chocolate), leche evaporada Ideal, mermelada de frambuesa (o de la que más te guste o tengas en casa) 1 postre lácteo de chocolate (de esos tipo yogur de chocolate).
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Preparación: cogemos una rebanada del pan de molde con pepitas de chocolate y la humedecemos un poco (vuelta y vuelta) en la leche Ideal que hemos puesto en un plato. No es necesario que empape mucho, simplemente un poco, para que luego nos quede más jugosa. Ponemos la rebanada en otro plato y le ponemos por encima una capa de postre lácteo de chocolate. Repetimos la operación con otra pieza de pan, pero ahora le ponemos por encima mermelada. Ponemos una tercera capa y cubrimos bien, incluso por los laterales, con el resto del postre lácteo de chocolate. Se nos va a quedar como una tarta de chocolate de lo más curiosa. Pequeñita pero muy aparente. Sólo queda meterla en la nevera, dejarla enfriar y que las diferentes capas se acoplen. Al servir, podemos cortarla en cuatro pedazos y adornarla con una guinda y un palillo como si fuera un sándwich para gordos de chocolate.
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