
Todos los años la misma historia. Estoy yo tan tranquilo con mi dieta de tortuga a base de lechuga, cuando una mañana (normalmente de un día de un calor imposible) alguna neurona se funde en mi interior, se me desparrama la voluntad como cuentas de un collar roto y a tomar por saco. El gordo malévolo que encerraba con siete llaves en mi interior me hondureña un golpe de estado y toma el poder. Rebusca ansioso por los cajones despreciando verduras y yogures, pechuguitas de pollo o aliños inofensivos hasta dar con lo que quiere: un bote de garbanzos y una lata de callos. No, no... grita el asténico y formal dietista flaco que aún intenta mantener la cordura, pero mi gordo interior le tapa la boca con un puñado de aceitosas y saladas (y exquisitas) patatas fritas y se abalanza sobre los fogones. Tiembla cintura, sollozad trabajados abdominales, arrepiéntete contenida papada. El gordo ha vuelto. Y tiene hambre.
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Ingredientes: 1 bote de cristal de garbanzos, 1 lata de callos, un bote de salsa Tika Masala (un curry indio), 1 paquete de taquitos de jamón, 6 rodajitas de chorizo, 1 lata de cebolla frita, 3 dientes de ajo, aceite de oliva y sal
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Preparación: en un perol, ponemos un poco de aceite y los ajos picaditos. Cuando se doren añadimos el contenido de nuestra lata de cebolla frita, un puñado de taquitos de jamón y unas rodajitas de chorizo (cortadas finas para que se hagan antes). Le damos una vuelta, ponemos un poco de sal y añadimos tres dedos de agua (o caldo si tenemos por ahí un brick), poca cosa que no queremos que quede demasiado caldoso. Lo dejamos hirviendo 10 minutos y añadimos el contenido de la lata de callos y una cucharada generosa de nuestra salsa hindú Tika Masala (se encuentra fácil en cualquier Carrefour, Corte Inglés o similar) que le va a dar un toque de picante suave muy rico. Removemos hasta que los callos se suelten y echamos los garbanzos de bote tal cual vienen, mezclamos bien y los dejamos a fuego suave, añadiendo un poco de agua si hiciera falta, otros quince minutos (o hasta que probemos un garbanzo y esté a nuestro gusto, que suele ser lo más fiable) y listo. Iba a decir que una receta de casquería fina, pero la verdad es que hablando de callos y garbanzos, la palabra “fina” quizás no sea la más adecuada.

