25 de octubre de 2009

CHEFS CONTRA EL HAMBRE

El año pasado, la FAO (la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) puso en marcha una iniciativa solidaria que se llamó CHEFS CONTRA EL HAMBRE y que dio como resultado un libro de recetas cuyo ingrediente básico era la papa, y en el que tuve el privilegio de participar, junto con los cocineros españoles José Andrés, Fernando Luna y Miguel Ángel González Cortés (que aún deben estar reponiéndose del susto de verse en un libro junto a un tipo como yo), y un montón de profesionales de varios países. Y el resultado no debió ser malo porque este año la iniciativa se ha repetido con las legumbres como protagonistas y el recetario al que ha dado lugar, acaba de ser presentado en Chile.(http://www.rlc.fao.org/iniciativa/chefs.htm)
Para que os hagáis una idea, os pongo la receta que publiqué en el primer recetario y que en la línea de sencillez requerida no es otra cosa que un...

CEVICHE DE PAPA

"Cuando me llegaron las bases de esta interesante convocatoria y decidí entusiasmado participar, lo primero que se me vino a la mente fue que quería una receta sencilla, que fuera original y que además diera la impresión de ser una preparación tradicional. Algo que, aunque fuera mentira, diera la impresión de que se llevaba haciendo toda la vida (lo de la cocina impostora siempre tiene que salirme por algún lado). Así surgió la idea de este ceviche de papas, que me pareció que cumplía todos los requisitos. A muchos les parecerá una herejía, me hago cargo, pero así soy yo, siempre haciendo amigos. Y además no me importa, trabajar con patatas siempre saca lo más inconformista y revolucionario que hay en mí. Y no debo ser el único al que le pasa. Mira si no en la revolución mejicana. ¿Qué gritaba todo el mundo ?: ¡Viva Zapatata!
Para perpetrar la receta, la primera dificultad logística era obvia. No se puede sustituir el pescado crudo del ceviche tradicional por papa cruda. Dicen que es tóxica, y una cosa es estar acostumbrado a ganarse enemigos y otra muy distinta envenenar a medio América Latina y el Caribe. Así pues, en vez de cruda, decidí ponerla cocida. Conseguí además cebolla roja, limones y ají y me dispuse a consumar mi delito gastronómico de lo forma que seguidamente les narro, y con bastante falta de vergüenza".

Ingredientes: 1 tarro de los de cristal de patatas, 1 cebolla roja (2 si son pequeñas), 1 ó 2 limones (según el jugo que tengan), ají (cayena, guindilla...) al gusto, sal gruesa, perejil y, opcionalmente, un poco de aceite de oliva virgen extra.

Preparación: colocamos las papas en un colador y las enjuagamos bien bajo el grifo. Las hervimos un par de minutos en agua con un poco de sal y las ponemos a escurrir. Mientras se enfrían (pueden manipularse tranquilamente en caliente, pero duele), procedemos a cortar la cebolla en tiras finas y ponerla en un bol. Añadimos las patatas, cortadas en rodajas no muy finas, perejil picado y el ají cortado pequeño. Les exprimimos el jugo de limón por encima, le ponemos sal y removemos vigorosamente los ingredientes para que se mezclen bien los sabores. Podemos dejarlo reposar un ratito para que el limón empape bien la patata, pero servido al momento también está muy rico. Un último toque de perejil y, si se quiere y se tiene, un hilillo de aceite de oliva virgen extra completarán nuestra impostora receta. Como del Machu Picchu de toda la vida, oiga.
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Nota: este ceviche de tierra adentro puede hacerse también, obviamente, con papas cocidas normales.

Si alguien tiene interés, me cuentan que los libros pueden encontrarse en la librería
JUAN RULFO (del Fondo de Cultura Económica)
C/Fernando el Católico 86
28015 Madrid, España
Tel: (34) 91543 29 04 / 29 60 Fax: (34) 91 549 86 52
E-mail:
libreria.juanrulfo@fondodeculturaeconomica.es

17 de octubre de 2009

EL LIBRO DE POSTRES DE FALSARIUS CHEF

Ahora sí. Ahora ya puedo aseguraros que el libro está en la calle y podéis encontrarlo en sitios como la FNAC, el Corte Inglés, la Casa del Libro y en un montón de librerías independientes. Para no enrollarme os dejo con unas palabras que han escrito mis osados editores de la Compañía Oriental de la Tinta en el prólogo del libro, que lo cuentan mejor que yo.
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"Un libro para esos seres indómitos que un día sacaron a la báscula de su jaula y la lanzaron a volar libre por la ventana, y que ahora debe ser feliz porque no ha vuelto. El libro soñado de Alicia la hambrienta en el país de las maravillas. La isla del tesoro de los que navegan despistados por la procelosa cocina deshabitada de su casa. Un libro perfecto para los sabios que han comprendido que la belleza está en el interior. Que todo flaco encierra dentro un gordo que lucha por salir."

(si queréis leer el prologo entero y tener más información acerca del libro, pinchad en la imagen)

12 de octubre de 2009

TAPAHUECOS DE LIMÓN


Yo hay días que me levanto en plan chulo y me como el mundo. El problema es que yo me como el mundo y engordo (a ver si hacen ya un mundo bajo en calorías porque si no vamos a dejar de comérnoslo y nos vamos a volver todos unos pusilánimes). Eso desmoraliza. Sobre todo porque coma uno lo que coma (aunque sea el mundo) no sé por qué siempre te queda un hueco para algo dulce. Y engordas más. Se ve que igual que las vacas tienen varios estómagos, los seres humanos con propensión al enlorzamiento súbito (extraño síndrome inexplicable por la ciencia que provoca que la ingesta de 50 gramos de chocolate con forma de tarta den lugar inevitablemente a una talla más de pantalones) tenemos un pequeño estomaguillo supletorio que sólo se llena con postres. Pero esta vez me pillan prevenido. Tengo un limón y ¿existe algo más hipocalórico, dietético y austero que un limón? Un postre de limón es como hacerse una tarta con san Juan de la Cruz o algún místico de esos, te la comes y levitas seguro. Y para evitar la levitación le ponemos una base de galleta y mantequilla y un rellenito con yogur de limón, pero con leche condensada. Y ya tenemos el lío montado otra vez. Está muy rico pero ya no parece tan inofensivo. Maldita sea. Yo hay días (pocos) que me como el mundo, pero el resto del tiempo es el mundo el que me come a mí.
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Ingredientes: para una tartaleta individual: 5 galletas (en mi caso Marie Lu Integral, que están muy ricas y suenan como a adelgazante)1 yogur de limón, un poco de mantequilla, leche condensada, 1 limón, del que aprovecharemos el zumo y la ralladura.
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Preparación: desmigajamos las galletas y las mezclamos con un poco de mantequilla, la justa para que se compacten. Ponemos la masa resultante en un molde pequeño y bajo que habremos forrado con Albal para luego desmoldar fácilmente, y la compactamos bien con el dedo hasta que nos quede una tartaleta. En un plato aparte mezclamos el yogur de limón con el zumo del limón y tres cucharadas de leche condensada. Puedes variar las proporciones si la mezcla te gusta más ácida o más dulce. Allá tu conciencia. La mezcla resultante se vuelca dentro de la tartaleta y al final se adorna (esto es opcional pero queda de lo más chulo y refrescante), echando por encima la ralladura del limón. Ojo, por cuestión de comodidad es importante rallar el limón antes de extraerle el zumo.

2 de octubre de 2009

MIL DISCULPAS

Mil o por lo menos ciento y pico, que son los emails que tengo sin contestar en mi correo. Eso por no contar los comentarios que me habéis dejado en varias recetas y que también tengo pendientes. Un desastre. En mi descargo diré que la preparación de un nuevo libro ("El libro de postres de Falsarius Chef" que podéis ver en la imagen) me ha llevado más trabajo del que imaginaba. Sobre todo porque incluye varias recetas inéditas de las que no tenía fotos, ni textos de presentación, ni ningún otro material previo que tanto ayuda. Pero bueno, la cosa es que ya está en imprenta y para finales de mes andará por esas librerias de dios. Al final, me he quedado contento. No era fácil (al menos para mí, que soy de natural limitadillo) hacer una selección de postres impostores que fueran sencillos, aparentes y que estuvieran al alcance de cualquiera. Me preocupaba complicar las cosas, utilizar un montón de ingredientes distintos y que al final fuera una de esas colecciones de postres "que sí, que vale, que qué bonitos, pero yo esto no lo voy a hacer en mi puta vida". Pero no. A mí es un libro que me da buen rollo. Tiene un toque como de recetas de abuelita no muy mañosa que te cuenta sus truquillos para engañar, que creo que invita a poner en práctica lo que lees. Y de eso se trata, de que dé hambre y te veas capaz de solucionar el problema (gozoso problema) con cuatro cosas sencillas que encuentras en el súper de la esquina. Recetas como el "Lexatartín de melocotón", el "Pudin de pasas dipsomaníacas" o "Vodkata, el cóctel que se come", junto con algunas ya clásicas como la "tarta Thurman" o las "tortas Pataky" hacen que al final esté contento por el resultado. Claro que lo que que yo piense importa un huevo. Lo importante es lo que penséis vosotros, si lo acabáis leyendo. Yo, por mi parte, ya tengo bastante con los kilos que he ganado gracias al libro. Más concretamente cuatro, y no precisamente en mi cuenta corriente.
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