16 de septiembre de 2010

ARROZ CARBONARA (IN THE BEGINNING)

arroz carbonara
Hambre, tengo hambre. Muy posiblemente fueron estas las primeras palabras de nuestros prehistóricos antecesores, en ese incierto paso de mono a hombre, que mucho me temo no tenemos aún bien terminado. Eso si nos ponemos darwinianos, porque si nos vamos a la Biblia, el primer vocabulario de Adán y Eva fijo que parecía la carta de un restaurante. Ya me imagino a dios, un poco mosca, recriminándoles que sólo pusieran nombre a las cosas de comer, solomillo, costillas y en ese plan. Oye –les diría- ponerles nombre a otras cosas, yo qué sé, a las plantas, por ejemplo. Y a Adán contestando, si es que a mi las ensaladas no me gustan. En cualquier caso, lo que está claro es que nuestra relación con la comida es muy antigua. Con la cocina ya es otra cosa, y tardó un poco más porque, con lo mal que tienen las cuevas las paredes, a los pobre neandertales no les encajaban ni de coña las cocinas de Ikea. El asunto es que cuando el hambre aparece (y digo Hambre, con mayúscula, esa que ves a los pajaritos a través de la ventana, todo líricos, y te los imaginas al horno, dando vueltas doradillos) no quieres complicarte la vida con cosas raras y sofisticadas. Para esos momentos de hambre primitiva, os propongo este arroz carbonara, que no puede ser más fácil, más rápido de hacer, ni estar más rico. Triunfó en las cuevas de Atapuerca, entre los neandertales más cool, y fue muy seguramente la causa de que expulsaran a Adán y Eva del Paraíso, porque por un arroz así, puede, pero ¿jugarse el Edén por comerse una manzana? Vamos, no jorobes...

Ingredientes: 2 vasitos de arroz Redondo Brillante, 6 lonchas de bacon, dos huevos, 1 lata de cebolla frita, queso rallado, sal, pimienta, orégano, aceite de oliva virgen extra.

Preparación: en una sartén con un poco de aceite, ponemos el bacon cortado en tiras a freír. Cuando esté doradillo, añadimos el contenido de la lata de cebolla frita, con un poco de sal, un poco de pimienta y orégano. Dejamos que se fría un momento y añadimos el arroz. Dejamos que se haga un poco, un par de minutos, sin dejar de remover. Añadimos los huevos batidos como para tortilla, a los que hemos añadido un poco de sal, removemos y retiramos de la sartén, para que el huevo acabe de cuajar ya sin fuego y quede más jugoso. Espolvoreamos con queso rallado al gusto y un poco más de orégano.


Nota: si queréis poner un poco de nata líquida en los huevos (cuando nadie mire o esté distraída la báscula) tampoco va a pasar nada.
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