
Patatuí, patatuí, se encienden las alarmas (comprendo que el “patatuí” no es una onomatopeya muy allá para una sirena escandalosa, y parece más bien el quejido de un patito enfermo, pero bueno, vale para hacernos una idea). Patatuí, decía, se encienden las alarmas. Una visita de las de mucho compromiso y miramientos (y una lengua venenosa, que va a largarlo todo por el barrio, liquidando nuestra buena reputación gastronómica) se nos presenta en casa sin avisar. Educados como somos (con el castigo que eso conlleva) invitamos a los señores Plómez (*) a sentarse y, en un descuido, nos apresuramos a la nevera para ver qué tenemos. Horror y desolación. Una tortilla refrigerada, de esas envueltas en plástico al vacío, es nuestro más presentable manjar. La hemos jodido. ¿La hemos jodido? Allá al fondo, tras una alcachofa ennegrecida y bote de alcaparrones medio vacío, resplandece la esperanza. Una salsa de setas Funghi Porcini, de la marca Rana, a la que nos hemos hecho felizmente adictos, será nuestra salvación. Pero mucho cuidado. A ver si de la misma alegría, os da por besar el envase de Rana, se os convierte en príncipe, os joroba la receta y encima tenéis uno más a comer. Y encima noble, con lo que zampan.
Ingredientes: 1 tortilla precocinada (de las que vienen envueltas en un plástico) de la sección de refrigerados, 8 gambones congelados, 1 envase de salsa de setas Funghi Porcini, de Rana, 1 lata pequeña de cebolla frita Hida, un par de dientes de ajo, 1 vaso de vino blanco, 1 brick de caldo de jamón Aneto (sobrará), sal, aceite de oliva.
Preparación: en una sartén con un poco de aceite ponemos a dorar los dos dientes de ajo picados, cuando estén, les añadimos la cebolla frita, removemos, dejamos que se haga un poco y añadimos el vino blanco (si es la hora del aperitivo, te puedes añadir otro vasito a ti mismo, que tampoco viene mal). Dejamos que se evapore el alcohol y añadimos un dedo de caldo. Dejamos que se caliente y agregamos los gambones descongelados y pelados y la tortilla (sin el plástico, que sino no empapa) partida en cuatro porciones y pinchada varias veces con un palillo. La dejamos un par de minutos a fuego suave hasta que se reduzca el caldo y le añadimos el contenido del envase de la salsa de setas, extendiéndolo bien por encima de la tortilla y agitando un poco la sartén para que se nos hile con lo que teníamos. Ya solo falta esperar a que se caliente todo bien y servir en el plato cada gozosa ración de tortilla, con un par de gambones por encima. Tortilla batracia al canto.
(*) los "señores Plómez" son unos personajes ficticios, fruto de la imaginación del autor. Cualquier parecido con personajes reales, vivos o muertos, es pura coincidencia.

Tengo unas pasas que se me han dado a la bebida y andan todo el día borrachas de Pedro Ximénez (no son tontas las pasas estas, no señor). Tan regular las veo que he decidido comérmelas y acabar con su sufrimiento. Yo soy así, todo corazón. Sobre todo cuando tengo hambre. Vale que podía llevarlas a la Betty Ford o alguna de esas clínicas de desintoxicación a las que van los famosos, pero luego se me juntan con Robert Downey Jr., con Amy Winehouse o uno de esos y se me descarrían. Y de eso nada. Mis pasas serán todo lo dipsomaníacas que quieran, pero decentes como la que más. Unas soletillas, flan de sobre y un poquito de leche condensada y mis pasas pasarán a mejor vida en forma de receta de pudin y, antes de que se den cuenta, estarán felizmente reencarnadas en orondo michelín.