
Estaba yo ayer siguiendo lo de las elecciones catalanas y me dije, ¿por qué no haces una receta electoral? Y tras pensar en las cosas raras que hace uno cuando se aburre, me contesté, pues vale. Y aquí estamos. Y digo yo que para una buena receta electoral, lo primero que necesitas es un candidato atrayente y popular. Y claro, en la cocina, candidatos así queridos y con buena imagen, que gusten en general a todo el mundo, se me ocurrían tres. El huevo, el jamón y los langostinos. Eso es un cartel electoral de lujo. En Cataluña o donde sea. Un huevo, no te cuento ya si es frito, de entrada provoca simpatía, colegueo, buen rollo. Detrás de un huevo va uno entregado a donde haga falta. ¿Y el jamón? ¿Se imagina alguien a un buen jamón corrompiéndose o subiéndote los impuestos? Es impensable. Y luego, los langostinos. Un señor tan formal y con esos bigotes tan elegantes, tiene que ser alguien serio, alguien en quien se puede confiar. No se concibe, pongo por caso, un langostino mandándote al paro. Así que me he dicho, vamos a juntar a los tres en una lista (de hojaldre en este caso) y a triunfar. Y esta es nuestra receta de hoy. Un pañuelo de hojaldre, con huevo, jamón y langostinos. Será electoralista y demagógica, pero quita, quita... Huevo for president.
Ingredientes: 1 paquete de hojaldre refrigerado, 1 huevo, 2 langostinos (nos valen congelados, por supuesto), unos taquitos de jamón, ½ cebolla, sal, aceite de oliva virgen extra.
Preparación: sacamos la bandeja del horno y lo ponemos a precalentar a 180 grados. Mientras lo hace, en una sartén con un poco de aceite, ponemos la media cebolla picada a dorarse con un poco de sal (si estamos perezosillos, pues una latita pequeña de cebolla frita y listo). Cuando coja color, le añadimos unos taquitos de jamón y los dos langostinos descongelados y pelados. Una vuelta y fuera. Sólo mezclar, da igual que los langostinos no estén hechos porque se van a hacer luego. Cortamos el hojaldre en forma de cuadrado y lo ponemos sobre un plato hondo. Si queremos podemos ponerlo con el papel para el horno debajo y así luego nos será más fácil moverlo a la bandeja. Pinchamos el fondo del hojaldre con un palillo y colocamos en el centro la cebolla doradita, con el jamón y los langostinos y, por encima, el huevo crudo tal cual, con un poquito de sal sobre la yema. Cogemos las puntas del hojaldre y las juntamos, haciendo una especie de sobre. Sellamos concienzudamente los bordes, lo ponemos en la bandeja y al horno. Cuando veamos el hojaldre bien doradito, estará. Mucho mejor que sacer un escaño, donde va a parar.
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Lo típico. Llaman al telefonillo y es el Papa que viene a comer. Hombre, no pasa mucho, pero ahora que ha estado en España, podía haber pasado fácilmente. Va por ahí con el papamóvil, le entra un hambre repentina y te lo suben a tu casa a comer de urgencias. Y, claro, tú que no tenías nada preparado, quedas fatal. Que no, Santidad, que es que estoy a régimen y por eso le saco unas acelgas. Pero los papas son muy quisquillosos y enseguida se quedan pensando que lo que eres es un roñica, que te has guardado los langostinos para comértelos solo. Por eso hay que estar preparado. Y no es tan difícil, porque, no te creas, yo los papas que he conocido eran de fácil conformar y solían preferir las comidas caseras. Y aquí aprovecho para desmentir ese rumor que corre por Internet. Aunque yo trabajara en Roma en aquella época, no es verdad que la última cena de Juan Pablo I, fuera una receta mía. Es más, ni siquiera está claro que muriera envenenado. En fin, yo para don Benedicto, si se os presenta en casa, he pensado en una receta sencilla. Lleva patatas, un toque italiano de salsa boloñesa, por lo de que vive en Roma y estará acostumbrado, y unas salchichas que le recuerden a su Alemania natal. Unas Patatas Vaticanas (o “Papatas”) que os harán quedar como dios. Y así se hace la ilusión de que es su jefe el que le ha invitado a comer.