6 de junio de 2011

GAZPACHO DE PEPINO ONASSIS (con rico pepino español)

Gazpacho de pepino

Receta de gazpacho de pepino

“Poca gente sabe que Aristóteles Onassis, el famoso armador griego con el que se casó Jacqueline Kennedy, tras enviudar del presidente americano, era un gran amante del gazpacho. Y menos gente sabe aún que yo, muy jovencillo, trabajé en su yate "Christina" y era el encargado de preparárselo. Aunque apenas era un aprendiz de pinche en la cocina, el multimillonario decía que sólo un español sabía darle el toque adecuado al gazpacho. Cosas de ricos. Un día, la yegua de Jackie se comió todos los tomates. Sí, le encantaba la hípica y llevábamos a bordo una yegua. Jackie era así, un carácter, y nadie se atrevía a contradecirla. Dicen que sólo su marido el presidente se arriesgó una vez a llevarle la contraria, y bueno, todos sabemos cómo acabó. A veces metía la yegua en el lecho nupcial entre Onassis y ella, como si fuera un oso de peluche. Decía que prefería oler a yegua que a los puros de su marido. Yo creo que era para fastidiar. Sobre todo porque la yegua roncaba. La cosa es que llegada la hora del gazpacho del jefe no había tomates y estábamos en alta mar. Aristóteles, enarbolando uno de sus puros a los que era tan aficionado, y poniendo en el tocadiscos un aria de la Callas, me dijo: qué desgracia Falsarius, para una cosa que me hace feliz... Y me lo dijo con una voz que daba lástima. Impresionaba ver a uno de los hombres más poderosos del mundo, desolado por la falta de tomates. Así, que me armé de valor y le dije: tranquilo jefe, si tú quieres gazpacho, yo te hago gazpacho. ¿Sin tomates?, preguntó él incrédulo. Habiendo pepino español en la despensa, ¿quién necesita tomates? – contesté yo imbuido de un raro patriotismo gastronómico. Me bajé a la cocina y ni gazpacho ni leches. Le hice una especie de “tzatziki” (una crema griega), cargado de pepino y corto de yogur, al que le puse mi toque secreto, una cucharadita de caviar, que a Ari le encantaba. Cuando se lo llevé estaba sentado en uno de los taburetes del bar, forrados de escroto de ballena. Lo probó y no dijo nada. Por un momento pensé que me la había cargado y que iba a mandar que me tiraran por la borda para que me comieran los tiburones. O aún peor, iba a obligarme a casarme con su hija Christina, que sería muy rica heredera, pero era un espanto. Una vez se bañó desnuda y varios tiburones se hicieron vegetarianos. Pero no. De repente se le saltaron unas lágrimas como puños. No sé si por el gazpacho o porque en el disco la Callas entonaba el aria “La mamma morta” de Chénier, que es de mucha pena. Finalmente me miró desde el fondo de esas bolsas de los ojos tan suyas que le llegaban a los talones, más destacadas aún por los pedazos de cinta aislante con los que se sujetaba los párpados para que no se le cerraran sobre los ojos (cosas de la miastenia) y me dijo: Falsarius, este gazpacho es como yo, griego y muy rico. Y debió gustarle lo ingenioso de su frase, porque sonrió y se quedó mirando alrededor como esperando una respuesta. Y lo que pasa con los millonarios, de repente toda la tripulación se puso a aplaudir como un solo hombre, el ingenio de nuestro jefe. Hasta la yegua de Jackie relinchó admirada por un momento, hasta que descubrió horrorizada que su dueña la miraba con mala cara. Y así quedó bautizado para la historia el "gazpacho Onassis". Sus abogados me hicieron firmar un contrato de confidencialidad por el que jamás hablaría de esta receta (que ya me da lo mismo) y Onassis dejó escrito que a su fallecimiento le enterraran en la isla de Skorpios con un termo de su (mi) gazpacho, una caja de puros y los discos de la Callas. Y lo que son las cosas, cuando finalmente murió, Jackie aprovechó también para enterrar con él a su yegua que, casualmente, acababa de morir también. Envenenada, dicen.”


Extracto de “TU CARA ME SUENA”, memorias inéditas de Falsarius Chef.


Ingredientes: 1 pepino mediano (pero si compras un kilito, mejor), un yogur griego pequeño, 1 limón, albahaca fresca, 1 tarro de sucedáneo de caviar, aceite de oliva virgen extra, sal.

Preparación: en un recipiente para batir ponemos el pepino pelado y troceado, le añadimos el yogur griego, un poco de albahaca fresca picada, un poco de sal, un hilo de aceite de oliva y un chorreón de limón. Batimos bien y lo dejamos enfriando en la nevera. Cuando vayamos a servir, lo ponemos en un vaso bajo de cristal y le añadimos una cucharadita de sucedáneo de caviar, removemos bien y presentamos adornado con un palillo o varita de remover, con una rodaja de pepino. Refrescante y rico, el toque de sucedáneo de caviar le da a este gazpacho de pepino una textura y un sabor de lo más sorprendente.
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