28 de febrero de 2011

PATATADA DE BACALAO CON PIMIENTOS

Bacalao con pimientos
Receta de bacalao con pimientos

Hay recetas que, de repente, surgen como de la nada y tienen un éxito clamoroso. Una de mis favoritas, que al principio fue una sofisticación y ahora es tremendamente popular, es esa de: pan, pan y en medio una loncha de jamón. Eso que hoy vulgarmente conocemos como bocadillo de jamón. Claro, ahora nos parece una tontería pero pasaron siglos hasta que algún anónimo cocinero llevó a cabo esta receta. Oye, y que luego se le ha copiado mucho: pan, pan y chorizo; pan, pan y calamares... Por no hablar de su posterior evolución, el sándwich, que es como un bocadillo para abuelillos sin dientes. Pero claro, como antes no había Madrid Fusión, ni estrellas Michelín, el inventor del bocadillo de jamón no es conocido. Es un héroe anónimo. Pero hoy la que me interesa es otra receta curiosa: la tortilla de patatas hecha con patatas de bolsa. Hay quien se la atribuye a Adriá, pero parece bastante más antigua. En cualquier caso, otra genialidad anónima. Pero curiosamente esta, se ha quedado sólo en tortillas, y yo creo que la mezcla de huevo y patatas de bolsa tiene muchas posibilidades. Yo me he atrevido con una variante, con patatas fritas de bolsa, huevo y bacalao, pero al horno. Rica está, lo demás, que la historia me juzgue. Oye, y que me juzgue como le dé la gana, que yo no me pillo rebotes malos como el Gadafi.

Ingredientes: 1 envase de ensalada de bacalao con pimientos (yo lo he encontrado en el Mercadona), 1 bolsa de patatas fritas (cuanto más ricas mejor), 1 huevo, perejil.

Preparación: en un bol batimos un huevo. Vamos echando patatas fritas de la bolsa, con cuidado de que no se rompan, y vamos dejando que se impregnen de huevo. Se trata de que cojan una capa, no de que se nos deshagan. En una cazuelilla de barro pequeña, hacemos una cama con las patatas fritas mojadas en huevo, dejando algunas más de pie por el borde, en plan murallita (que luego con el huevo doradillo quedan estupendas), y le ponemos por encima el bacalao con el pimiento rojo que trae. Salpicamos con el huevo batido que nos ha sobrado un poco por encima, y al horno que tenemos precalentado a 180 grados. En unos 5 minutos (que se vea cuajadillo el huevo) estará. Las patatas con el huevo quedan doradillas, pero blandas, y cogen además un sabor con el bacalao y los pimientos de auténtico escándalo. Adornamos con un poco de perejil, una gota de aceite rico, y a comer.
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21 de febrero de 2011

HOJALDRES DE BONITO "ENGAÑA-AMIGOS"

Hojaldres de bonito
Receta de hojaldres de bonito

Los fines de semana son un invento bastante razonable. De hecho están tan bien, que me extraña mucho que no nos los hayan quitado con la excusa de la crisis. Y son sin duda un buen momento para quedar con los amigos. Este pasado, en concreto, debió serlo muy especialmente porque me llegaron un montón de mensajes, a través de Facebook y del correo, de gente que quería agasajar a sus invitados, y me preguntaba por alguna receta rica y sencilla. Pues bien, vayamos por partes. Yo en estos casos lo que recomiendo es cambiar de amigos. En vez de los habituales gorrones, que vienen con hambre y dispuestos a zamparse todo lo que tengas (el vino caro, las latas molonas, el whisky de malta...), lo mejor es echarse unos amigos nuevos. Unos de esos finos y elegantes que, cuando vienen de visita, lo hacen con varias bandejas de comida suculenta y sus correspondientes botellas de vino rico bajo el brazo. Ahora bien, la teoría es buena, pero si ponemos el listón tan alto, lo más fácil es que nos quedemos sin amigos y sin comer, que es peor. Así que buscando el equilibrio, he preparado estos “Hojaldres de bonito engaña-amigos”, que bajo su chula apariencia caserita y reconfortante, esconden un trabajo mínimo, aceptable incluso con la lógica pereza finsemanera. Y están muy ricos, que al fin y al cabo, los amigos de siempre son una gentuza, pero no dejan de ser "nuestra" gentuza.

Ingredientes: 1 paquete de masa de hojaldre refrigerado, 1 bote de cristal de bonito del norte rico, 1 bote de confitura de cebolla (el mío era de Hero), Tabasco.

Preparación: sacamos la bandeja del horno (que luego nos va a hacer falta) y ponemos este a calentar a 180 grados. Extendemos la masa de hojaldre y vamos cortando círculos, ayudándonos con un vaso grande, por ejemplo (si los queréis más grandes, la tapa de plástico de los botes de Nesquik es perfecta) . Pinchamos un poco la masa y ponemos sobre ella una cucharadita de cebolla confitada (que es como una mermelada de cebolla), un taquito de bonito y dos gotas de Tabasco para darle un toquecillo un poco picante. Cerramos la masa como si fuera una empanadilla, sellando bien los bordes y la colocamos en la bandeja sobre el papel para horno que trae el hojaldre. Repetimos la operación con todos los círculos de masa que tengamos y lo metemos al horno hasta que el hojaldre esté doradillo. Unos hojaldres de bonito perfectos para tapear con unas cervecitas y tomar algo calentito.
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15 de febrero de 2011

MEGAGALLETA IMPOSTORA


Hace unos días, un grupo de blogueros de cocina debían tener un día malo, un exceso de estupefacientes o algo de eso, porque tuvieron la idea de ponerse todos de acuerdo para hacer una Megagalleta y publicarla, tal día como hoy, en sus respectivos blogs. ¿Se concibe alguna ideal más inútil y absurda? Difícilmente. Y como me encantan las ideas inútiles y absurdas, pensé que no podía faltar una versión impostora de la (ya) famosa receta. Y hela aquí. Frente a la receta original, esta no necesita horno (por aquello de ponerlo aún más fácil). Tiene además la ventaja de que te sirve para darles un sentido a todos los restos de paquetes de galletas que tienes por ahí rondando y que nunca sabes qué hacer con ellos. A partir de ahora la cosa está clara: una Megagalleta.

Si queréis saber más sobre esta historia, y conocer más recetas de otros blogs participantes en el evento, visitad este enlace del Monstruo de las Galletas. No podía ser otro, claro.

Ingredientes: 2 tabletas de chocolate con leche, unas 14 galletas, 4 sobaos de los pequeños, unos 25 gramos de mantequilla (dos lingotillos pequeños), dos cucharadas de miel.

Preparación: en un bol desmigajamos las galletas (si queréis, no demasiado para que luego haya tropezones crujientes) y los sobaos. En un cazo ponemos a deshacer la mantequilla y el chocolate, junto con la miel. Cuando esté fundido, lo echamos en el bol y lo mezclamos bien. Primero con una cuchara (por no quemarnos) y enseguida ya directamente con las manos, amasandola bien, hasta que quede todo perfectamente integrado. Si vemos que queda muy líquida, añadimos más galleta y listo. Ahora cogemos un molde redondo (o similar) lo cubrimos de film transparente, y ponemos nuestra masa, compactándola bien. La cubrimos con los bordes del plastiquillo en que la hemos puesto y a la nevera. Una horita enfriando, y lista.

Nota: cuanto más la pruebo, más me recuerda el sabor al turrón Suchard de chocolate. No es mala cosa.
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Participantes (seguro que me faltan algunos)
@, @, @, @, @ , @, @,@, @, @, @ , @,  @, @, @, @, @, @, @, @, @, @, @, @, @, @, @, @, @,@, @, @, @, @, @, @, @, @, Margot, Deivid, @, @, @, @, @, @ , @Unparenlacocina  , @Cookefactory Olga Irina Cebolledo (Facebook), Rosal Isabel (Facebook), Paula zarpas en la masa, Mirándola, , Carmeta, Ama, Noemi,  , Oasis.

14 de febrero de 2011

LUJURIAS DE LIMONCELLO Y CHOCOLATE

lujurias de limoncello
La gastronomía afrodisíaca viene asociada normalmente a productos caros, las ostras, el caviar y cosas así. Y digo yo, ¿qué pasa, que los pobres y menesterosos e hipotecados en general no tenemos derecho a la concupiscencia y demás alegrías carnales? ¿Que encima eso? ¿Que a causa de la crisis económica nos vamos a extinguir como si fuéramos ositos panda? No, si Falsarius puede evitarlo. Para casos como este, los impostores utilizamos los productos afrodisíacos del pobre, que son dos básicamente. A saber: el alcohol y el chocolate. Utilizados moderadamente, claro, porque ver a tu pareja gorda y borracha no es algo precisamente afrodisíaco. No. Con medida, como en la receta que hoy os propongo, las lujurias de limoncello y chocolate. Un rico postre con un toquecillo alcohólico, que siempre anima, y muy fácil de hacer. Aún así, que tenéis un día ultraperro y de bajón, como de Mubarak en el paro, y queréis trabajar menos, podéis utilizar entonces la famosa receta de Berlusconi, el bocadillo de Viagras. Seguramente eficaz, pero francamente, un poco hortera. Mejor mi postre.

Ingredientes: 1 paquete de postre de limón Royal, 350 ml. de leche, 1 copa de limoncello (un licor italiano), 1 tableta de chocolate, leche condensada y 1 limón

Preparación: en un recipiente ponemos 350 ml de leche y 150 ml. de limoncello. Le añadimos el contenido de nuestro paquete de postre de limón Royal y dos cucharadas de leche condensada. Dos minutos de minipimer para mezclar todo bien, y a enfriar a la nevera. Para presentarlo, ponemos en un plato dos bolas como de helado de nuestro postre, lo cubrimos un poco con chocolate que hemos deshecho en un cazo al fuego (con chocolate con leche normal y corriente se hace muy fácil) y espolvoreamos con ralladura de limón. Pecaminoso.
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7 de febrero de 2011

PATATAS CON CALAMARES A LA MARINERA (monodosis)

patatas con calamares a la marinera
Receta de patatas con calamares

Una de las grandes ventajas de la cocina impostora que practicamos aquí (aparte de la consideración social que nos aporta y la fama de personas elegantes y cultivadas que nos otorga, entre otras innúmeras virtudes) es la de poder hacer para una sola persona, recetas que normalmente se preparan para varios comensales. Lo típico, te compras una vaca para hacer un guisote y, claro, ya que tienes la vaca, no vas a arrancarle una pezuña para hacerte un guiso para ti sólo. Aprovechas y haces el guiso con la vaca entera. Ya que te has comprado una vaca muerta, tendrás que aprovecharla, no vas a poner lo que te sobre encima de la tele de adorno, más que nada porque huele regular. Pues bien, esto con las latas no pasa. Que eres uno, pones una lata, que sois dos, pues dos y así hasta el infinito. Muy cómodo y racional, y luego, con la lata vacía te puedes hacer una maceta elegante, y no como si la haces con un cuerno de vaca, que es como de gente extraña. Pues eso, que tenía unas latas de calamares en salsa americana que me estaban haciendo una revuelta en mi despensa que ríete tu de las de Egipto, con la cantinela de “úsanos, úsanos” que caducamos, y me he dicho, vamos a hacer un guiso marinero con ellas, que estas me Mubarakizan y luego tenemos un disgusto. Y aquí está. Unas patatas marineras monodosis. O sea, para uno.

Ingredientes: 3 patatas, 1 lata de calamares en salsa americana, 1 brick de caldo de pescado, tomate concentrado, 1 lata pequeña de cebolla frita, 2 dientes de ajo, sal, pimentón y aceite de oliva virgen extra.

Preparación: por una vez (y sin que sirva de precedente) vamos a utilizar patatas NO de bote, así que pelamos 3 patatas normales. En una perola, ponemos un poco de aceite a calentar con dos dientes de ajo, enteros, con piel y todo, pero un poco aplastados. Dejamos que se hagan un poco y añadimos el contenido de la lata de cebolla. Una cucharadita de tomate concentrado, si tienes, removemos bien y añadimos las patatas, cascándolas (que es como troceadas pero a lo bestia) y sal. Mezclamos y dejamos que se haga un par de minutos. Espolvoreamos con un poco de pimentón y añadimos el caldo de pescado. No mucho porque queremos que luego el guisote quede hilvanado. Si vemos que falta, ya le añadiremos luego. Dejamos hirviendo a fuego suave hasta que las patatas estén blanditas (agitando la perolilla de vez en cuando para que espese el caldillo). Cuando veamos que están, añadimos el contenido de la lata de calamares en salsa americana, removemos y lo dejamos calentar. Un minuto y listo. Sorprendente. Unas patatas con calamares la marinera de bar del puerto.
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4 de febrero de 2011

ARTÍCULO DE FALSARIUS EN LA REVISTA "ESQUIRE"

ATRACÓN A CESTA ARMADA

Esto que, por fin, hemos dejado atrás no ha sido una Navidad. No. Ha sido la maldición del polvorón, la condena del turrón Suchard de chocolate, la pesadilla de la sobreingesta de calorías navideñas. Un espanto. Vale que el niño Jesús, como manda la tradición y al ser un recién nacido, venga con un pan debajo del brazo. Pero es que el de este año no era un pan lo que traía, era la jodida tienda del gourmet del Corte Inglés. ¿Cómo puede caber tanta cosa debajo de tan recental y estilizado bracito? Y luego el Año Viejo, cascadillo ya pero aún cabroncete, que parecía decir, me han sobrado estos kilos que tenía por ahí guardados y total, como yo ya palmo, quédatelos tú. Y ahí te ves cenando en Nochevieja como si fuera a acabarse el mundo y quisieras ser el muerto más gordo del Apocalipsis. Afortunadamente luego llegaron los Reyes Magos y ya fue otra cosa. Unas cuantas toneladas de roscón de Reyes, hábilmente relleno de nata o chocolate o de ambas cosas a la vez. No puede ser.

Porque además esto de los atracones navideños es un invento muy reciente. Aunque hoy en día nos pueda parecer curioso, antes la gente no comía. En realidad lo de comer es la invención de un grupo de cocineros franceses, que a principios del siglo XIX se dijeron, ya que somos cocineros, sería buena idea que la gente comiera. ¿Te imaginas que todas las personas del mundo tuvieran que sentarse tres veces al día en torno a una mesa y comer? ¡Menudo negocio! Sorprendentemente la cosa cuajó. La costumbre se extendió por el mundo y, cosas de aquella época un tanto clasista, se consideró que no comer era de mal gusto. "No comer es de pobres", se decía con desprecio.

Así pues lo que primero fue una costumbre de la nobleza y la burguesía adinerada, se fue popularizando. Tanto que al final se convirtió en algo vulgar. Empezó a haber comida por todos lados, inventaron colmados, mercados y tiendas de abastos llenas de comida y la gente, mal que bien y en la medida de sus posibilidades, iba zampando todos los días. Las clases pudientes reaccionaron inmediatamente e inventaron entonces el atracón, una curiosa forma de comer de forma desmedida hasta hartarse y no poder más. Especialmente en las fiestas navideñas o cuando sabes que va a pagar otro.

Y en esas estamos.

Cuánto bien habría si retomáramos antiguos hábitos y dejáramos de comer. Lo barato que nos saldría y la de problemas que nos evitaríamos. Desafortunadamente y por culpa de Darwin o uno de esos evolucionistas pelmazos, lo que en principio fue una moda, con el paso del tiempo se ha convertido en una necesidad. Ahora no comes en una temporada y vas y te mueres. Cómo ha degenerado la raza. Porque además, si comes mucho, engordas y se da la paradoja de que si tienes unos kilos de más, la hembra de tu especie rehuye el apareamiento y te extingues como si fueras un panda o una ballena azul. O igual no te extingues, pero pasas unos fines de semana de lo más aburrido, que es casi igual de lamentable.

Así están las cosas, oiga. Yo no sé si esto es bueno o es malo, pero he llegado a un punto en el que empiezo a aborrecer los atracones navideños. Aunque tampoco es tan raro. Me pasa todos los años cuando me miro al espejo, veo lo que hay, y decido que ha llegado el momento de empezar (con tiempo) una nueva operación bikini.
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Artículo publicado en la revista Esquire de febrero del 2010
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1 de febrero de 2011

ANCHOAS 0 % ESPINAS

anchoas sin espinas
He decidido abrir una nueva pestaña en la parte superior del blog, que va a llamarse "Filias y Fobias", que aunque suena a personajes de dibujos animados griegos, no va de eso. Va a ser una especie de alacena en la que voy a ir poniendo los descubrimientos (buenos y malos) que vaya haciendo por esos súper de dios. Por supuesto, sin ningún tipo de afán publicitario (eso que van a ahorrarse las marcas en sobornos) y dando mi pura y simple opinión, sin más pretensiones que las informativas. Espero que os sea de utilidad.

Para la preparación de la receta de macarrones con pesto y anchoas, recientemente publicada, me decidí a probar unas anchoas del Mercadona que no había probado nunca. Eran de la marca Hacendado, la pinta era buena y el precio razonable (5,70 € el envase de 140 g.). La idea fue buena, sobre todo al descubrir la ausencia absoluta de espinas en los bordes. Odio las anchoas mal limpiadas, con esas pequeñas y pelmazas espinillas por los laterales. Estas están inmaculadas. Un gusto. Y están ricas. Tanto que las que sobraron del primer paquete después de hacer la receta, cayeron de aperitivo en esa misma comida. Me supieron a poco. En la comida de ayer ya las estaba echando de menos. Por la tarde volví al Mercadona y compré dos paquetes más. No sé áún lo que voy a comer hoy, pero va a ser algo así como "lo que sea" con anchoas. Qué vicio.
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