27 de junio de 2011

PAN CON TOMATE MARINERO

Pan con tomate marinero
Que digo yo, que esto de la crisis es un problema de iniciativa. Que somos unos flojos y así no vamos a ningún lado. Para solucionar nuestros problemas sólo hay que mirar un momento a nuestro alrededor y actuar en consecuencia. ¿Qué es lo que va bien en España? Los bancos. Pues entonces, está claro, lo que hay que hacer es un montar un banco. Tu montas un banco y es un chollo. Si te va bien, te forras. Si te va mal, llega el estado y te suelta una pasta para que no te hundas. Otra cosa que funciona muy bien en España es la corrupción. Pues oye, montamos un corrupterio o lo que hagan los corruptos para ejercer su lucrativa actividad. Compaginar ambas cosas, montar un banco y ser corrupto, supongo que llevará un esfuerzo extra, pero debe ser ya la leche. Por eso, qué tanto estudiar, tanto master, ni tanto cursillo del INEM. Hay que optar a las nuevas profesiones. Una cosa moderna. Este verano un cursillo por correspondencia de esos de “hágase un perfecto corrupto en 15 lecciones”, o un curso de verano del tipo “el banquero insaciable y otros depredadores” y a triunfar. Y como tenemos mucho que estudiar, hoy vamos a ir con una receta muy fácil de hacer, que en verano, no apetece deslomarse. Y si vas a ser banquero, corrupto o algo de eso hay que ir acostumbrándose a vivir sin dar ni golpe.

Ingredientes: pan rico preferiblemente de hogaza, 1 lata de anchoas, boquerones en vinagre (los venden preparados en muchos súper), guindilla vasca, tomate, aceite de oliva virgen extra, ajo.

Preparación: tostamos el pan bien tostado, lo frotamos con ajo y restregamos el tomate con entusiasmo sobre él, hasta que quede bien impregnado. Vamos colocando sobre el pan entomatado, un boquerón en vinagre y una anchoa sucesivamente, hasta cubrirlo. Picamos una guindilla vasca, la típica piparra, bien picadita y se la ponemos por encima. Rematamos con un hilo de aceite de oliva del más rico que tengamos y listo. Será la hora, pero se me está haciendo la boca agua de solo contarlo.
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22 de junio de 2011

ARROZ CON POLLO AL CURRY (pero con poco curre)

Arroz con pollo al curry
El sábado en la radio, en mi sección de la SER, hablábamos de gazpachos y eso me hizo reflexionar. Yo siempre he dicho que los gazpachos son como los culos: cada uno tiene su favorito. Yo también, claro. De gazpachos, pòr supuesto, y de culos al menos tengo muy claro cual es el menos favorito. El culo de pollo desnudo. Tú llegas a casa, feliz y sonriente, encantado de haber sobrevivido un día más a las ocurrencias de Angela Merkel y sus mil formas de hacernos la puñeta, y vas y abres la nevera y los primero que ves allí es el culo desnudo de un pollo muerto y envasado en una bandeja. Es como un capítulo de CSI. Se te quita el hambre. Que mira que se pasan con los pobres pollos en el súper. Que si con plumas no son muy guapos, desplumados y cubiertos de film transparente son directamente un espanto. Pero en fin, ya que tenemos allí al animalillo, algo habrá que hacer con él, por ejemplo un sencillo, aparente y también veraniego, arroz con pollo al curry, como el que os traigo para hoy. Oye, que a nosotros también nos despluman la Merkel y sus secuaces, y también vamos un poco de culo, así que habrá que ser solidarios.

Ingredientes: 2 vasitos de arroz al curry Brillante (si no encuentras al curry, Basmati puede valer),1 pechuga de pollo, salsa tikka masala (o salsa similar hindú, de las muchas que hay en el súper) 1 latita pequeña de cebolla frita, 1 calabacín, 1 brick pequeño de nata, orégano, curry, aceite de oliva, sal y perejil.

Preparación: Poner en una sartén un poco de aceite y el contenido de una lata de cebolla frita pequeña. Cuando se caliente bien, echar un calabacín pelado y troceado en dados pequeñitos. Cuando esté dorado, añadir una pechuga de pollo cortada en pedacitos. Cuando veas que el pollo coge color, añadimos medio bote de nata (de los pequeños), un poco de orégano, curry en polvo, y vamos removiendo con la cuchara de madera, hasta que quede consistente. En una copa o recipiente de cristal adecuado, ponemos una base de salsa en el fondo. Sobre ella ponemos el arroz calentado dos minutos en la sartén (o del microondas directamente, si tenemos tan maléfico aparato), y finalmente cubrimos con el pollo al curry. Queda estupendo y al meter el tenedor para comer, se va mezclando la salsa tikka masala, con el arroz y el pollo, y disfruta uno lo suyo.
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21 de junio de 2011

GRAN PREMIERE EN VÍDEO: Arroz con pollo al curry



Esto parece una video receta más, pero en su grabación he descubierto lo peligroso que puede ser un pollo. De hecho, como a mitad del vídeo tengo un problema de narices.
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13 de junio de 2011

EMPANALLETAS (empanadilla+galleta)

Empanalletas
La fruta tienes dos estados básicos. Uno radiante y apetecible cuando la compras y la llevas a casa, y otro, podrida y tumefacta cuando por fin decides comértela. A mí por lo menos me pasa siempre. Qué extraños sucesos pasarán entre ambos estados, es algo que se me escapa y desafía mi entendimiento. La cosa es que yo compro una fruta chula y pinturera, de esa que hubiera tentado a Adán y Eva y les hubiera costado el Paraíso, y cuando me acuerdo de comérmela es una piltrafilla que se la das a una cabra y te cocea la entrepierna. Cuánta fruta no habré comprado, enaltecido por sus salutíferas virtudes, poseído por la creencia, seguramente incierta, de que te comes una manzana y adelgazas no sé cuantos kilos, o simplemente enlozado en la lujuria, fascinado por sus formas opulentas y sus colores más bien cachondones y lozanos. Y luego vas a comértela, el día que te da por ahí y dices, anda si yo compré fruta, y en vez de tu manzana brillante y lustrosa como la que le dio la bruja a Blancanieves, te encuentras a su abuela. Para evitar este tipo de chascos, la ciencia moderna ha inventado la fruta envasada, así que en nuestra receta de hoy, unas ricas EMPANALLETAS, unas empanadillas con textura de galleta, vamos a utilizar puré de manzana de bote y unas pasas. Que las pasas, como ya eran abuelas cuando las compramos, no decepcionan nunca.

Ingredientes: 1 bote de puré de manzanas (el mío de Hero y se encuentra en el Carrefour, por ejemplo), 1 paquete de pasas, 1 paquete de masa para empanadillas, azúcar y canela.

Preparación: sacamos la bandeja del horno y lo ponemos a calentar a 200 grados. Ponemos un plato hondo con azúcar, humedecemos con agua la oblea de empanadilla un poco por una cara y la ponemos sobre en la azúcar, presionando, para que se quede pegadilla. Sacamos la empanadilla y por el otro lado ponemos unas pasas, una cucharadita de puré de manzana, un poco de azúcar y espolvoreamos con canela. Cerramos, sellando los bordes con un tenedor. Cuando tengamos listas todas las que queramos, extendemos papel de horno (o papel de aluminio) en la bandeja del horno, ponemos las empanadillas encima y adentro. En 10 o 12 minutos estarán listas y el azúcar del exterior endurecida, lo que va darles al morderlas un aire crujiente de galleta, que luego con el interior blandito, se nos convierte en gozosa empanadilla.
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8 de junio de 2011

MARLÉN, LA HECHIZADORA DE DRAGONES

Paloma Puya es una escritora con la que comparto editorial. Escribe unos libros infantiles que me encantan. Soy un fan confeso de su serie “Las aventuras de Daniela Malospelos”, unos libros con los que me río un montón (sí, ya sé, no son muy adecuados para mi edad, más bien para niños entre 8 y 10 años, pero qué le vamos a hacer, yo me lo paso pipa). De hecho ando siempre buscando víctimas a quienes regalárselos y me vale todo, cumpleaños, comuniones, santos o porque voy de visita a casa de sus padres. El problema es que muchas veces no resisto la tentación de leérmelos otra vez antes de regalarlos y luego me queda mala conciencia, como si les regalara un libro usado. Oye, y no es para tanto, no hago dibujitos en los márgenes y ni siquiera me mojo el dedo en salivilla para pasar la página como hacían las abuelas. Mi víctima favorita son los enanos a los que, en teoría no les gusta leer. Esos que cuando llegas a casa con los libros, los padres te dicen. “unos libros, ¿cómo se te ocurre?, si esta no lee un libro jamás...” Y la niñita, que se hace la tonta jugando con la Nintendo mascotas, pero que no pierde detalle de la conversación, te ve dejar los libros y hace como que los mira con desprecio. Pasado un rato, se acerca disimuladamente y los mira con desconfianza, como si las letras fueran peligrosas arañas que pudieran treparle por las manos al tocarlos. Con el miedo que da eso. Pero finalmente vence sus reparos y lo coge. Qué narices, esa portada tiene unos dibujillos demasiado chulos para resistirse. Y si lo empieza a leer está perdida, porque Paloma Puya tiene un don. Sus libros no se parecen a ninguno otro libro infantil que yo haya leído. No sé. Será ese sentido del humor que tiene, tan especial, o que sus historias son de hoy en día, o que los animales siempre tienen un protagonismo muy especial, la cosa es que empiezas a leerlos y ya no puedes parar. Y eso los niños lo notan en cuanto los tienen en las manos. Y está bien porque los niños se enganchan y como hay toda una larga colección, tengo resueltos los regalos para una temporada. Y a los papás muy agradecidos (nada les gusta más a los padres que descubrir que no están criando un analfabeto como ellos pensaban), así que cuando vuelvo a verlos me sacan jamón del rico en vez del de las visitas.

Pues bien, todo este rollo viene a cuento porque mi amiga Paloma saca una nueva colección de libros. El primero ya está a la venta y se llama “Marlén, la hechizadora de dragones” y va sobre un mundo en el que la gente tiene pequeños dragones como mascotas, en vez de perros. Y los jaleos que eso crea, que no son pocos. Y yo feliz, porque ya tengo excusa para nuevos regalos (que en esta época del año hay una epidemia de cumples infantiles), y por el rico jamón al que me invitan los padres. Aunque os digo una cosa, si además de jamón hay percebes, tampoco me importa.


Nota para curiosos: el libro lo edita la editorial Compañía Oriental de la Tinta (mis osados editores) y cuesta 10,90 €.
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6 de junio de 2011

GAZPACHO ONASSIS (con rico pepino español)

“Poca gente sabe que Aristóteles Onassis, el famoso armador griego con el que se casó Jacqueline Kennedy, tras enviudar del presidente americano, era un gran amante del gazpacho. Y menos gente sabe aún que yo, muy jovencillo, trabajé en su yate "Christina" y era el encargado de preparárselo. Aunque apenas era un aprendiz de pinche en la cocina, el multimillonario decía que sólo un español sabía darle el toque adecuado al gazpacho. Cosas de ricos. Un día, la yegua de Jackie se comió todos los tomates. Sí, le encantaba la hípica y llevábamos a bordo una yegua. Jackie era así, un carácter, y nadie se atrevía a contradecirla. Dicen que sólo su marido el presidente se arriesgó una vez a llevarle la contraria, y bueno, todos sabemos cómo acabó. A veces metía la yegua en el lecho nupcial entre Onassis y ella, como si fuera un oso de peluche. Decía que prefería oler a yegua que a los puros de su marido. Yo creo que era para fastidiar. Sobre todo porque la yegua roncaba. La cosa es que llegada la hora del gazpacho del jefe no había tomates y estábamos en alta mar. Aristóteles, enarbolando uno de sus puros a los que era tan aficionado, y poniendo en el tocadiscos un aria de la Callas, me dijo: qué desgracia Falsarius, para una cosa que me hace feliz... Y me lo dijo con una voz que daba lástima. Impresionaba ver a uno de los hombres más poderosos del mundo, desolado por la falta de tomates. Así, que me armé de valor y le dije: tranquilo jefe, si tú quieres gazpacho, yo te hago gazpacho. ¿Sin tomates?, preguntó él incrédulo. Habiendo pepino español en la despensa, ¿quién necesita tomates? – contesté yo imbuido de un raro patriotismo gastronómico. Me bajé a la cocina y ni gazpacho ni leches. Le hice una especie de “tzatziki” (una crema griega), cargado de pepino y corto de yogur, al que le puse mi toque secreto, una cucharadita de caviar, que a Ari le encantaba. Cuando se lo llevé estaba sentado en uno de los taburetes del bar, forrados de escroto de ballena. Lo probó y no dijo nada. Por un momento pensé que me la había cargado y que iba a mandar que me tiraran por la borda para que me comieran los tiburones. O aún peor, iba a obligarme a casarme con su hija Christina, que sería muy rica heredera, pero era un espanto. Una vez se bañó desnuda y varios tiburones se hicieron vegetarianos. Pero no. De repente se le saltaron unas lágrimas como puños. No sé si por el gazpacho o porque en el disco la Callas entonaba el aria “La mamma morta” de Chénier, que es de mucha pena. Finalmente me miró desde el fondo de esas bolsas de los ojos tan suyas que le llegaban a los talones, más destacadas aún por los pedazos de cinta aislante con los que se sujetaba los párpados para que no se le cerraran sobre los ojos (cosas de la miastenia) y me dijo: Falsarius, este gazpacho es como yo, griego y muy rico. Y debió gustarle lo ingenioso de su frase, porque sonrió y se quedó mirando alrededor como esperando una respuesta. Y lo que pasa con los millonarios, de repente toda la tripulación se puso a aplaudir como un solo hombre, el ingenio de nuestro jefe. Hasta la yegua de Jackie relinchó admirada por un momento, hasta que descubrió horrorizada que su dueña la miraba con mala cara. Y así quedó bautizado para la historia el "gazpacho Onassis". Sus abogados me hicieron firmar un contrato de confidencialidad por el que jamás hablaría de esta receta (que ya me da lo mismo) y Onassis dejó escrito que a su fallecimiento le enterraran en la isla de Skorpios con un termo de su (mi) gazpacho, una caja de puros y los discos de la Callas. Y lo que son las cosas, cuando finalmente murió, Jackie aprovechó también para enterrar con él a su yegua que, casualmente, acababa de morir también. Envenenada, dicen.”


Extracto de “TU CARA ME SUENA”, memorias inéditas de Falsarius Chef.


Ingredientes: 1 pepino mediano (pero si compras un kilito, mejor), un yogur griego pequeño, 1 limón, albahaca fresca, 1 tarro de sucedáneo de caviar, aceite de oliva virgen extra, sal.

Preparación: en un recipiente para batir ponemos el pepino pelado y troceado, le añadimos el yogur griego, un poco de albahaca fresca picada, un poco de sal, un hilo de aceite de oliva y un chorreón de limón. Batimos bien y lo dejamos enfriando en la nevera. Cuando vayamos a servir, lo ponemos en un vaso bajo de cristal y le añadimos una cucharadita de sucedáneo de caviar, removemos bien y presentamos adornado con un palillo o varita de remover, con una rodaja de pepino. Refrescante y rico, el toque de sucedáneo de caviar le da una textura y un sabor de lo más sorprendente.
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