Las pocas neuronas que me van
quedando, después de una vida de excesos, son ya muy elementales. No se les
puede pedir virguerías. Por lo tanto no es extraño que sea oír la palabra otoño
y ya sólo piensen en guisotes. Esto hay
que asumirlo y llevarlo con resignación. Oye como si eres del Madrid y te sale
un Mourinho. Al principio te asustas, y te
preguntas lo típico. ¿Por qué me ha salido a mi esto?, ¿dolerá?, ¿será
contagioso?, ¿venéreo?, ¿me meterá un dedo en el ojo o algo de eso? Pero luego,
ya con más calma, si ves que no es operable, te resignas, te jorobas, y tiras
para adelante. Con los guisos del otoño pasa lo mismo. Que entre que todavía no
hace mucho frío y eso, un guisote parece que impresiona. Pues no hay que
dejarse asustar. Esto hay que hacerlo sin pensarlo. Hay que tirarse de cabeza,
nada de meter el dedo en la sopa a ver si está fría. A saco. Para eso es la
receta que os traigo hoy. Es de un guiso, pero no de un guisito de esos de sí
pero no. Este es un guiso rotundo. Definitivo. Unas alubias Arma Letal. Que son
potentes, sí, pero tienen una ventaja. Como se hacen rapidito te dejan más
tiempo para esa imprescindible siesta, que va a dejarte como nuevo. Si no
sueñas con Mourinho, claro.
Ingredientes: 1 bote de alubias blancas, 1 lata de
callos a la madrileña, 1 puerro, 2 dientes de ajo, 1 cayena (guindilla pequeña)
pimentón, sal, aceite de oliva, sal.
.
.
