27 de diciembre de 2011

PIJO TAPA NAVIDEÑA

pijo tapa navideña
Las comidas navideñas son una cosa muy curiosa ya de por sí. Intrínsecamente, digamos. Porque así, visto desde fuera, juntar a una familia en mogollón, con los mayores, los más jóvenes, los abuelos, los tíos, las cuñadas y cuñados, los niños, cada uno con sus manías, sus ideologías políticas, sus costumbres y su equipo de fútbol favorito y no siempre coincidente, es una cosa bastante arriesgada. Pero es que si encima los armas con cuchillos (que aunque sean de mesa, matan lo mismo) y los emborrachas, que es lo que suele hacerse en estas fechas, la situación es de riesgo absoluto. Una insensatez. Pero bueno, ya que está ahí habrá que sobrellevarlo como mejor se pueda. Y mi contribución es culinaria. El otro día hicimos aquí un “entrante molón de vieras” que le ha gustado bastante a la gente, por aquello de que era un plato muy sencillito de hacer pero tenía una pinta lo bastante aparente para dar en la narices a algunos invitados incordios de esos que inevitablemente se acaban sentando a tu mesa en estas fechas. Pues bien, hoy vamos a insistir con otro entrante de estos de chulearse, quedar divinamente, que dirían las del Hola, y por supuesto no revelar ni bajo tortura que es un impostura absoluta.

Ingredientes: 1 brick de crema de marisco (el mío, uno nuevo de Knorr de bogavante y cigalas, pero vamos, que hay de muchas marcas), 1 bolsa de langostinos en tempura congelados del Mercadona, 1 copita de oloroso, tabasco.

Preparación: volcamos el contenido del brick de crema de marisco en un cazo y lo calentamos bien, pero sin que llegue a hervir. Le añadimos un poquito de oloroso seco y unas gotas de tabasco y removemos para que se mezcle bien. Por otro lado, cogemos nuestro langostino en tempura y lo freímos un par de minutos hasta que esté doradillo. Ahora todo es cosa de montar la tapa con un cierto estilillo, por ejemplo sirviendo la crema en un vasito bajo, poniendo nuestro langostino en el borde, como la rodaja de limón de un cóctel y adornando con alguna hierbecilla espolvoreada. También queda chulo poniendo la crema de marisco en un platito bajo y el langostino en tempura atravesado con un palillo por encima, para que sea fácil cogerlo, y rematado con un poco de cebollino, que es lo que he hecho yo en la foto que podéis ver en la web.
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21 de diciembre de 2011

DEGUSTACIÓN GRATUITA: el inicio de la novela de Falsarius Chef


En plan exclusiva absoluta y mundial, os pongo el primer capitulillo de mi novela FABADA A MUERTE EN COCINA FUSIÓN. Para que os hagáis una idea. Que es bueno probar las cosas antes de animarse a comprarlas.




Me llamo Bond, Falsarius Bond
Oye, lo típico que pasa. Que coges el tren para ir a Madrid a firmar unos libros, y acabas medio desnudo, cubierto de sangre y encerrado en un cuarto de baño con un gordo muerto.
Bueno, igual no pasa mucho, pero te pasa y es molesto.
Mira que al ver que estaba ocupado podía haber ido al siguiente, que para eso iba en un tren y había más baños, pero no. Como tenía el día new age, en plan "el tiempo pasa a través de mí, soy como un loto movido por la brisa, soy uno con el universo", me quedé esperando mi turno en la puerta, muy a lo Gandhi, sin imaginar que el universo, el loto y la brisa lo que son es unos cabrones.
Y no es por insultar en vano. Es que mientras estaba mecido por la brisa galáctica oí dentro unas toses convulsas muy terrestres, como de alguien asfixiándose. Preocupado, golpeé la puerta con los nudillos y al hacerlo descubrí que no estaba cerrada.
Me asomé. En el interior del pequeño habitáculo mingitorial había un señor sentado en la taza del váter, afortunadamente con los pantalones subidos, que tenía la cara azul.
Oye, y me mosqueó un poco, porque no parecía un pitufo. No llevaba gorrito y además era muy grande. Grande y, digamos, corpulento, que es lo que se dice en plan fino cuando no quieres llamar gordo a alguien descaradamente.
De repente, al inclinarme sobre él para ver qué le pasaba, me agarró de la muñeca, apretándola con fuerza mientras decía "me muero...".
Y yo tuve que coincidir con él en que aquello buena pinta no tenía. Pero no se lo dije, claro, por delicadeza.
Pero dio igual. Él seguía agarrándome con fuerza, estrujándome aún más la muñeca, y añadió "comer la lata, la lata...", y yo pensé que eso ya era vicio: agonizando y con hambre. Pero tampoco se lo dije porque a partir de ahí todo fue un despropósito.
De un brutal tirón que poco faltó para que me arrancara el brazo, me introdujo en el baño. Se escurrió de la taza del váter en la que estaba sentado, se desplomó entre convulsiones y su generoso corpachón de oronda obesidad ocupó todo el espacio del pequeño recinto, bloqueando la puerta y dejándome encerrado con él.
Escapando de sus convulsas patadas, reculé contra el lavabo y me clavé en la rabadilla el grifo, que empezó a soltar chorros de agua como un loco.
Intentando mantener el equilibrio, porque con el traqueteo del tren y los tirones que me daba, estaba a punto de caerme sobre el agonizante señor, apoyé la mano libre a mis espaldas sin mirar y no tardé mucho en notar algo caliente en la palma. Era sangre. Me había cortado con una lata vacía. Alegría.
Pero no tuve tiempo para preocuparme mucho porque en eso, una voz enérgica y nerviosa resonó al otro lado de la puerta:
—¡Abra inmediatamente! ¡Soy el revisor! ¿Qué pasa ahí?
Y antes de que se me ocurriera nada original que contestar, descubrí que aunque el corte de la mano era pequeño, sangraba un montón, y si ya la escena era dantesca, ahora salpicada con los borbotones de sangre que brotaban de mi mano, era una escena del crimen de las de manual.
El revisor volvió a golpear la puerta, ya un poco tocapelotas, todo hay que decirlo. Pero no me dio tiempo a protestar, porque el obeso tuvo un último espasmo y por fin soltó mi entumecida muñeca, pero sólo para agarrarme fieramente el cinturón, haciendo que los pantalones se me quedaran por las rodillas.
Por fin se quedó definitivamente quieto, tras exhalar un último aliento que le dejó la boca abierta, con un rictus mortal y extraño, como cuando pides café en un restaurante y te dicen que no tienen. Y supe que estaba muerto, porque uno ha visto ya demasiadas merluzas difuntas en su vida, como para no reconocer cuando algo es un cadáver.
Y de repente fui consciente de que estaba encerrado en el ínfimo retrete de un tren con un cadáver enorme, en calzoncillos, chapoteando en agua, rodeado de paredes salpicadas de sangre, y que el hecho de que vistiera de cocinero, llevara una nariz postiza y gafas de plástico, y asegurara llamarme Falsarius Chef, no iba a contribuir a hacer las cosas más fáciles.
La cuestión es que cuando finalmente el revisor consiguió abrir la puerta, no sé cómo, y al ver su rostro horrorizado por la escena que tenía ante él, a mí para arreglarlo sólo se me ocurrió poner mi cara más amigable y decir:
—¡Sorpresa!
       Y lo que es peor. Me seguía haciendo pis.





Podéis encontrarlo en sitios como el Corte Inglés, la Fnac, la Casa del Libro, Amazon y en un montón de librerías. En cualquier caso, si el librero de tu barrio no lo tiene, puede pedirlo a la distribuidora (Udl Libros) y será rápidamente atendido.
Pues eso, si os animáis a leerlo, ya me contaréis.


EditorialCOMPAÑÍA ORIENTAL DE LA TINTA
Autor: Falsarius Chef
ISBN: 978-84-937405-6-6
Precio con IVA: 18.00 €



19 de diciembre de 2011

PATATAS GUISADAS CON BERBERECHOS




Siempre me ha gustado esta receta que te enseña el partido que se le puede sacar a una humilde latilla de berberechos del súper. Pues bien, gracias a la ayuda de Gas Natural, que nos está echando una mano para hacer estos vídeos posibles, ya tenemos este nuevo condumio en cómoda versión audiovisual. Y no sólo es una rica receta, sino que además es un christmas, ya que al final incluye una sentida felicitación navideña. Si es que aquí no falta de nada.

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15 de diciembre de 2011

EMPANADA DE CAPÓN (capón al horno 2: el día siguiente)

Empanada de capon
Oye, que se marcha la banda de trogloditas carnívoros que había invitado a comerse mi capón al horno, y compruebo que, pese a lo que habíamos zampado, aún quedaba bastante, que no veas tú lo que cunde el pollo castrati en cuestión. Pues alguna solución había que darle, que aquí no se desperdicia nada.
Y allí estaban los restos de capón al horno, las ciruelillas pasas que habían sobrado, las manzanas reinetas al horno supervivientes, como el paisaje tras una gozosa batalla. Aquellos heroicos restos de mi cocina se merecían un adecuado homenaje. Y qué mejor homenaje que comérselos. Pero claro, el ser humano, caprichosillo como es, odia las repeticiones, especialmente las culinarias, así que a aquello había que darle un aire nuevo. Y no era fácil pensar con la empanada mental post condumio que tenía. Un momento, ¿había dicho empanada? Sonaba bien. Pues nada. Al lío.
Troceé los restos de capón, les añadí las manzanas sobrantes picadas y las ciruelas pasas. Les añadí tres o cuatro cucharadas de la salsa que traía el capón, removí bien y lo distribuí por una masa de hojaldre refrigerado que nunca falta en mi nevera para un porsiacaso. Le puse otra masa por encima y la sellé bien. No hacía falta pintarla con huevo ni líos de esos, porque pensaba presentar las raciones con la rica salsa que traía el capón por encima. Ya sólo faltaba meter la empanada al horno una medía hora (hasta que estuviera bien doradilla) y listo. Pero antes, esperé un tiempo prudencial, dando un margen razonable para una siesta en condiciones, y volví a llamar a la banda de gorrones hambrientos, anunciando que para cenar teníamos empanada. No faltó ni uno. No trajeron vino, un postre rico, ni una botellita de whisky de malta para después, pero a ninguno se le olvido el hambre. Qué cosas.

Nota: la receta del capón al horno podéis verla AQUÍ y el capón en cuestión, con cuyas sobras he hecho esta receta, se puede comprar en la tienda on-line de CASCAJARES
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14 de diciembre de 2011

CAPÓN RELLENO AL HORNO EN MEDIA HORA (Cascajares Style)

Capon relleno al horno
Claro, ahora ve tú, coge un capón, cázalo con lo peligrosísimos que son, cápalo, con lo que les cabrea eso, degüéllalo, desplúmalo, rellénalo y hazlo al horno. Un lío, oiga. La cosa es que este año estaba yo empeñado en cenar capón relleno al horno en Navidad y no me las prometía muy felices. Afortunadamente estaba yo buscando safaris a Caponlandia en Internet, cuando hete aquí que el destino ha venido en mi auxilio. Y voy y encuentro el sueño de cualquier impostor ansioso de capón. Un capón relleno, ya preparado con ingredientes de lujo, que lo único que hay que hacer es tenerlo 30 minutos al horno. Así, sin más. Te viene hasta con la salsa. Total, que como lo mandaban astutamente refrigerado y la pinta era estupenda, lo pedí. Por probar. A Cascajares, que son los que lo venden. Y he aquí el resultado de mi aventura gastronómica.

Cuando recibí la caja, por SEUR FRÍO, dudé sobre si al hacer el pedido no me habría equivocado de casilla y habría puesto la cruz en “elefante en pepitoria” en lugar de en el capón. Pero no. Era el pollo en cuestión. Es que es grandecito. Como para varios. Lo abrí y allí estaban mi capón relleno de foie, orejones y piñones, y su gran bolsa de salsa. Y unas instrucciones muy sencillas. Precalentar el horno a 180 grados. Eso sabía hacerlo. Seguidamente lonchearlo separando previamente los muslos y las alitas. Fácil también. Luego ponerlo en la bandeja del horno, acompañarlo de manzanas reinetas (que está bien pensado porque en media hora al horno quedan también perfectas) y regarlo con un poco de salsa. Y meterlo al horno. Desde luego mucho más fácil que montar un mueble de Ikea. Bastante. Media hora no da para mucho, pero para aprovechar el tiempo hice mi famosa “salsa especial para carnes”, que la que trae (muy rica por cierto) es más bien dulce y quería que hubiera otra más salada. Como a los 15 minutos, abrí el horno, regué el capón con la salsa que iba soltando para que estuviera jugosote y le añadí unas ciruelas pasas. En el tiempo que me quedaba preparé una ensalada de brotes, canónigos y rúcula, con unas lajitas de queso muy curado, para acompañar. El resultado, de foto. No es que fuera bonito y mereciera ser inmortalizado (que también), es que es el que veis en la foto.

Había reunido a una banda de gorrones hambrientos adecuadamente aleccionados para la ocasión y su respuesta no ha podido ser mejor. Platos vacíos, éxito absoluto y reputación culinaria por las nubes porque, por supuesto, se me olvidó comentar que lo había comprado precocinado. En navidad cae otro.


INGREDIENTES UTILIZADOS: 1 capón relleno de Cascajares, 4 manzanas reinetas, 1 bolsa de ciruelas pasas.

Para la salsa extra: 1 bote de salsa de soja, mostaza, cebolla picada congelada, aceite.

Para la ensalada: 1 bolsa (de las de abrir y usar del súper) de rúcula y canónigos, 1 bolsa de brotes, 1 cuña de queso de oveja curado (Idiazábal sería de lujo), vinagre de Jerez, aceite de oliva virgen extra y sal.

Nota: os recomiendo visitar la tienda on-line de CASCAJARES. Además del capón tiene un montón de maravillas que pueden daros estupendas ideas para las comidas y cenas de estas navidades. Un descubrimiento.



12 de diciembre de 2011

ENTRANTE MOLÓN DE ARROZ CON VIEIRAS



Ya tenemos la navidad a la vuelta de la esquina, aunque este año parece que se nota menos. Igual es por la pertinaz austeridad económica que se nos echa encima, en plan espíritu de mr. Scrooge, ese señor malo que odiaba la navidad en el cuento de Dickens. La cosa es que este año hay muchas menos lucecillas que de costumbre, mucha menos gente comprando que de costumbre, mucho menos villancico que de costumbre y muchos menos planes festivos de navidad que en otras ocasiones. Sé de buena tinta que este año hay compañías que querían hacer la tradicional cena de empresa en comedores de beneficencia. Pero les ponen pegas. Por lo visto luego los ejecutivos se entrompan y quieren sacar a las monjas a bailar agarrado. Y luego el anuncio ese del turrón de vuelve a casa vuelve por navidad, este año no lo ponen porque dicen los padres que “¿cómo que vuelve a casa por navidad? ¿Otro más? Pero si ya no cabemos. De eso nada, para uno que hemos colocado, que se quede en Alaska”. Así están las cosas. Pero bueno, en cualquier caso comer habrá que comer, así que yo me he puesto en plan austero y me he sacado de la manga este “Entrante molón de arroz con vieras”. Es baratillo, es aparente y está rico. Y como lleva vieiras, luego se puede presumir: nosotros en Navidad cenamos marisco.

Ingredientes: 1 paquete de vieiras congeladas, 1 vasito de arroz de los típicos de Brillante (yo he usado arroz salvaje con Basmati, pero el Basmati normal vale perfectamente), 1 limón, miel, albahaca, aceite de oliva virgen extra y sal gruesa.

Preparación: en un vaso ponemos una cucharada generosa de miel. Le añadimos albahaca picada muy finito, un chorreón de limón y mezclamos bien con una cucharilla. Lo reservamos. Cocemos dos minutos el arroz en agua con sal (o un minuto en el microondas), lo escurrimos y lo ponemos en un bol. Le echamos por encima el preparado de miel, albahaca y limón, y un hilillo de aceite rico y removemos bien. En una sartén caliente con una gota de aceite hacemos a la plancha un par de vieras previamente descongeladas. Muy poco, que nos cojan color por ambas caras. En un plato pequeño y chulo ponemos tres cucharadas de arroz con nuestra mezcla y un par de vieiras por encima Un poco de sal rica y adornamos, si tenemos, con un par de tiras de cebollino.


Arroz con vieiras
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5 de diciembre de 2011

CREMA INVERNAL DE GAZPACHO (en vídeo)




Gracias a la ayuda de Gas Natural, que me está echando una manita para producir estos vídeos, os traigo hoy esta receta. Es una de mis favoritas cuando llega el frío y necesita uno un refugio, un cobijo, una guaridilla gastronómica donde refugiarse. Te tomas esta crema y ya ves las cosas de otra forma. Como si todo tuviera sentido y el frío, la lluvia y los días grises sólo fueran un paréntesis. Un gazpacho de invierno que nos hace ver que, en el fondo, el verano está siempre esperando a la vuelta de la esquina.
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