14 de noviembre de 2013

REVUELTO DE BACALAO (en plan montadito)

Revuelto de bacalao

Receta de revuelto de bacalao

A mí estas cosas me pasan. Estaba abriendo una lata de bacalao a la vizcaína y de repente me acordé de mi primer amor. Bueno, no estoy muy seguro de que fuera el primero porque yo era un niño de natural casquivano y enamoradizo, pero los recuerdos son así, muy en plan viva la virgen. Entiendo además que, así contado, parece una extraña asociación de ideas esa de mezclar un primer recuerdo romántico con una lata de bacalao, pero tiene su explicación. Vayamos por partes. Yo tenía nueve años y ella se llamaba Mari Pili. Era rubia y con trenzas. Fue la primera chica de la que me enamoré. Mari Pili era la hija del dueño de un ultramarinos que había cerca de casa. Uno de esos antiguos colmados que olían a bodega de barco mercante, a lejanas colonias perdidas de ultramar, a malecón cubano y a canciones en tagalo de los últimos de Filipinas. Una tienda de aquellas de antes que tenían un poco de todo, y en las que nunca faltaba un barril con arenques y unos bacalaos resecos colgando de un gancho. A mí aquellos exóticos bacalaos me llamaban mucho la atención. Me parecían la comida perfecta de los piratas que salían en los libros que leía por aquel entonces. Un pez curtido, lleno de sal, con pinta de malote, ¿qué si no eso iba a comer un pirata? Y de aquel bacalao de mis ensueños románticos la vista se me iba siempre a las trenzas rubias de Mari Pili, que sentada sobre un saco de patatas, hacía cuentas en su cuaderno con un raquítico lapicillo. Unas trenzas prietas, sin un pelo suelto, primorosamente enlazadas que enmarcaban una cara paliducha y unos ojos azul verdoso del color de un mar en el que fácilmente podía naufragar un pequeño pirata de nueve años. Os ahorro los detalles de nuestra tortuosa relación, pero os diré que terminó el día en que descubrí que Mari Pili cobraba por los besos. Una peseta por un beso rápido. Un duro por un beso a tornillo como en las películas. Alguno pagué, pero comprendí enseguida que su ambición y mi miseria estaban condenadas a no entenderse. Yo me mudé, nuestras vidas se separaron y no volví a saber nada de ella hasta muy recientemente. No es difícil imaginar que aquella muchacha acabó en el arroyo, descarriada y sin ningún respeto por sí misma. Mari Pili ahora es banquera.

Ingredientes: 1 lata de bacalao a la vizcaína, 1 huevo, 1 diente de ajo, una cucharada de tomate frito, aceite de oliva virgen extra, un poco de sal y perejil

Preparación: ponemos un poco de aceite en la sartén. Cuando esté caliente añadimos el diente de ajo picado y cuando empiece a coger color, le agregamos la cucharada de tomate frito. Que se caliente un poco. Con el fuego suave vertemos en la sartén el contenido de nuestra lata de bacalao a la vizcaína, que habremos repasado por si tuviera alguna espina, que a veces pasa, y al que habremos desmigajado porque nos va a quedar más chulo. Removemos bien, que se caliente, y ponemos el huevo, mezclándolo vigorosamente, y un poco de sal. Retiramos del fuego y seguimos moviendo hasta que el huevo esté hilado pero aún jugoso. Luego montamos nuestro revuelto de bacalao sobre un par de rebanadas de pan tostado, espolvoreamos con perejil, y a gozar como un pirata.

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15 comentarios:

Ángela dijo...

Señor Falsarius, he de decirle que no soy yo muy de comentar en estos sitios pero le sigo desde hace tiempo y mi fama en la cocina ha subido gracias a la filosofía Falsarius (era dificil bajar más). La historia de Mari Pili me ha conquistado, gracias por hacernos reir a los que te leemos!!

Atte. Una trabajadora de banco.

Ana Blanca López dijo...

Eres genial!!, no se si abriendo latas, pero sí narrando historias.
Blanca de JUEGO DE SABORES

slanac dijo...

Siempre se ha dicho que olores y sabores se recuerdan siempre ligados a las primeras veces que se olió o gustó.
En tu caso es un hecho ... y no digo mas.

Gloria Aleix dijo...

Que buena receta! Rápida y pintona como a mi me gusta!
Glo de http://cocinarconamigos.blogspot.com.es

Maru dijo...

Acabo de descubir tu historia de la niña de las trenzas rubias que cobraba por los besos, jajajjajjaj,la receta apetecible cien por cien

Guisandome la vida, Carmen Albo dijo...

Como me gustan las historias que evocan tiempos felices de épocas más felices todavía.

Historias con olor...con olor como bien dices, a bodega de barco mercante, a lejanas colonias perdidas de ultramar, a malecón cubano y a canciones en tagalo de los últimos de Filipinas...

Como me gustan las historias con final feliz. Como esta tuya...
Te comparto!!

Falsarius Chef dijo...

Un placer tenerte por aquí, Ángela y que te hayas animado a escribir. Gracias.

Falsarius Chef dijo...

Bueno, Ana Blanco, no es por chulearme pero cocinar no sé si sé, pero abriendo latas soy invencible!!

Falsarius Chef dijo...

Puede ser Slanac, la gatronomía es una permanente vuelta a la infancia (aunque llamar gastronomía a estas cosas que hago yo, es mucho llamar)

Falsarius Chef dijo...

Muchas gracias +Gloria Aleix

Falsarius Chef dijo...

Me alegro de que te guste, Maru.

Falsarius Chef dijo...

Un placer verte por aquí, Carmen.

Mercedes dijo...

Me encantan tus historias!!!!Nunca he comprado una lata de bacalao.... por estas tierras no es algo que se encuentre fácil pero en cuanto me la tropiece las ensayo. Saludos.

jaimelerma dijo...

Me encanta la historia y la receta!

Kike dijo...

Eres un fenómeno Falsarius!...jejeje buenísima entrada.

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